MENSAJE
Quien te conoció ciruelo...
Hermano Pablo
Costa Mesa, Califonia
En cierto pueblo andaluz había
un campesino que le vendió a la Iglesia un ciruelo para que en su
madera tallaran la efigie de un San Pedro. En cuanto el escultor terminó
de tallar la imagen, y las autoridades eclesiásticas le dieron la
bendición, el campesino fue a ver cómo quedó. Debido
a que conocía su humilde origen, le pareció demasiado ornamentada,
así que se encaró a la imagen y le dijo;
- Glorioso San Pedro,
- yo te conocí ciruelo
- y de tu fruto comí;
- los milagros que tú hagas,
- que me los cuelguen a mí.
De ahí la célebre frase, que en su forma extensa dice:
"¿Quién te conoció ciruelo, cómo te tendrá
devoción?".
En esta anécdota popular el campesino interpela a la imagen de
San Pedro como si fuera San Pedro mismo, seguramente sin darse cuenta de
que en cierto sentido podría haberse dicho lo mismo acerca del personaje
tallado en el ciruelo, que del ciruelo mismo. ¿Acaso no lo conoció
en sus momentos más débiles? Cristo pudo haberle dicho a Simón
Pedro: "Yo te conocí ciruelo, cuando flaqueó tu fe al
intentar caminar conmigo sobre el algo de Galilea. Yo te conocí cuando
no fuiste capaz de quedarte despierto conmigo mientras oraba en el huerto
de Getsemaní. Te conocí cuando le cortaste la oreja al siervo
del sumo sacerdote porque todavía no comprendía que yo tenía
que morir por tus pecados. Y te conocí cuando me negaste tres veces
mientras me estaban juzgando, "a pesar de que te había dicho
que ibas a hacerlo y tú me habías asegurado que eso jamás
sucedería".
Sin embargo, a diferencia del campesino, que pensó mal del ciruelo,
Cristo no pudo haber pensado mal de su discípulo porque Pedro, en
sus mejores momentos, no quiso que otros le rindieran homenaje a él
sino que le dieran la gloria a Cristo, su Maestro. Por eso, cuando sanó
al hombre lisiado que pedía limosna a la entrada del templo de Jerusalén,
Pedro le dijo a la gente asombrada que no lo mirara a él como si
por su propio poder o virtud hubiera hecho caminar a ese hombre, pues era
Jesucristo quien lo había sanado por completo.
Ya es hora de que sigamos el ejemplo de Pedro, que en su segunda carta
a la iglesia universal se presenta como siervo y apóstol de Jesucristo.
Según la tradición, su humildad lo llevó al extremo
en su martirio e insistir en que sus verdugos lo crucificaran con la cabeza
hacia abajo, pues no merecía morir como su Señor. Al verlo
allí crucificado, aquel Señor de señores bien pudo
haberle dicho:
- Mi fiel siervo Pedro,
- yo te conocí ciruelo
- y tu vida nutrí;
- Como los milagros que hiciste
- me los colgaste a mí,
- ahora entra en el reposo
- preparado para ti.


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| FARANDULA |
| Tito Rojas "Es mi mujer" exito de Salsa de 1998. |
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