En el hipotético caso de que un día de estos se amanezca en Panamá, con el ánimo de elevar la conciencia nacional a la mayor altura posible. Deberíamos encontrar la fórmula para que por razones superfluas tipos poco encomiables llegasen a ser legisladores de la República. Veamos algunos atributos vigentes en personajes que mezclados con la ignorancia que mantiene el Estado en un porcentaje elevado de nuestra población sufragante, llevan a ineptos y corruptos hasta una curul legislativa:
Por ser amigo de los maleantes
Por repartir licor en grandes cantidades en ligas deportivas, barrios y villorrios
Por vender mercancía seca, jamones y verdulerías contrabandeadas a precios irrisorios
Por la línea de partido que determinado sujeto con el único mérito de caminar prometiendo bajezas, sea el preferido en las primarias del respectivo colectivo y
etc.etc.
Las cosas cambiarían si una comisión independiente de 100 nacionales o nacionalizados panameños mayores de 60 años, esculcara las hojas de vida, la conducta moral y conciencia de solamente 900 aspirantes. La Comisión de esos 100 ancianos impolutos se conformaría por: Barberos de pueblos, médicos, dueños de restaurantes y fondas importantes, ex corregidores, ex policías, ex gerentes de crédito, ex jueces y el dueño de una funeraria. Luego que los 100 venerables ancianos hayan averiguado, revisado y comentado ampliamente uno por uno a los aspirantes, escogerán a los 70 mejores. La siete decenas de elegidos acudirán al Auditorio José Dolores Moscote, para en una hora, corregir diez cuartillas con errores ortográficos simples y disertar por un minuto ante sus competidores y los cien ancianos sobre la moral. Lo triste es que otros países parecidos y con menos recursos que el nuestro, están mejorando la calidad de vida de sus congéneres, precisamente porque gobiernan los mejores, lográndose así: empleos, exportaciones millonarias y cientos de nuevas oportunidades.