El pan en las manos de Dios se multi-plica; aun cuando sea poco, alcanza para todos. Jesús ordena a sus discípulos: "Denles ustedes de comer".
Cuando los bienes se distribuyen bajo la mirada de Dios, alcanza para que todos queden satisfechos. El ha creado un mundo con recursos suficientes para alimentar a todos sus hijos, pero por la ambición de algunos se ha desequilibrado este sistema en detrimento de las necesidades de los otros.
Jesús quiere decirnos hoy a través de este evangelio, que si juntamos lo poco o mucho que tenemos, para compartirlo con todos, alcanzará para los que no tienen e incluso sobrará.
Un verdadero cristiano no puede estar tranquilo si a su lado hay hambre y miseria, no puede comer solo y tranquilo su cena si un pobre toca su puerta, no puede despedirlo con las manos vacías.
En nuestra sociedad hay muchos que mueren de hambre fisica, otros, en cambio, tienen en abundancia. Debemos ser una comunidad capaz de testimoniar con nuestras obras la practica de la caridad, de levantar los ojos al Padre del cielo para agradecer los dones que hemos recibido y compartir también los bienes espirituales. Debemos hacernos profetas que denuncien la injusticia y se hagan ejemplo de solidaridad y opción por los más necesitados.
CONTEMPLAR LA REALIDAD
Debemos admitir que resulta difícil hablar sobre el hambre que existe en el mundo y en los hombres. No porque tengamos la barriga llena podemos ser insensibles ante el hambre de los demás. Frente a este fenómeno vergonzoso Dios no quiere que nos quedemos en los lamentos como hacen los apóstoles: "Pero Señor, no alcanza lo que tenemos". "Es mejor que les despidas, para que vayan a comer".
La cuestión no es la falta de "bienes o de pan". Lo que pasa es que el hombre ha perdido el verdadero sentido del compartir.