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El lugar se llamaba El divino y la gente que concurría a él decía que era divino. Decía que la música era divina, que las bebidas eran divinas, que las amistades que allí se formaban eran divinas y que las horas de diversión que se disfrutaban eran divinas. Pero una noche ?El divino? se incendió, y murieron quemadas dieciséis personas.
¿Qué era "El divino"? Era un cabaret de homosexuales de Valparaíso, Chile. Cuando menos se pensó, al cabaret lo consumió el fuego. Interesante el comentario de muchos: Fuego divino cayó sobre "El divino".
Más tarde se descubrió que el incendio se debió al recalentamiento de un tablero eléctrico. No obstante, el pueblo insistió en llamarlo "fuego divino" y "castigo de Dios".
Es interesante notar que cuando un desastre ocurre donde las leyes morales de Dios están siendo violadas, el pueblo considera el desastre como un castigo de Dios. Hay una conciencia en el ser humano que lo hace saber que algunas cosas son correctas y otras no. Y ese sentido hace que se le atribuya a Dios, en forma de castigo, cualquier calamidad que ocurra.
¿Por qué es que siempre ubicamos a Dios dentro del marco de la desgracia humana? ?Por qué es que la mente humana siempre gira hacia Dios cuando hay un incendio como aquel de Valparaíso, o un accidente aéreo o de tren o de automóvil, o alguna calamidad natural, como un ciclón o un terremoto o una inundación? ¿Acaso no será que allá, en el fondo de nuestra alma, hay una conciencia moral que nos compele a creer que cuando no nos estamos portando bien, cualquier calamidad que nos azota pueda deberse a un castigo divino?
La verdad es esta: Somos creación de Dios. Él nos hizo y Él puso dentro de nosotros su propia ley moral que nos hace reaccionar cuando sabemos que la estamos infringiendo. La única persona que puede violar las leyes morales de Dios y no sentirlo es la que se ha alejado tanto de Dios que su conciencia se ha endurecido. Y aún así, esa persona sufre, como quiera, las consecuencias del quebrantamiento de esas leyes.
Más vale que no creamos poder llevar nuestra vida haciendo caso omiso de Dios. Él está en cada fibra de nuestro ser, y nunca hallaremos completa paz y armonía si no estamos rendidos a su divina voluntad. Él es Dios, y nosotros somos sus criaturas. Seamos criaturas entregadas a su voluntad. Sólo así viviremos en victoria. Sólo así tendremos paz. Sólo así seremos verdaderamente felices. |