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Los investigadores en el caso del homicidio de Milton Pérez, de 24 años, muerto por 17 machetazos que le dio su hermano de 14, y enterrado en una fosa clandestina en la comunidad indígena de Guacuco, en Tortí Abajo de Chepo, quedaron atónitos mientras adelantaban las indagaciones.
Tenían informes que indicaban que Milton estaba enterrado y procedieron a exhumar el cuerpo, pero habían hecho otra perforación de tierra. La sorpresa fue dantesca. Encontraron el cadáver de un niño de aproximadamente 2 años. Dos cuerpos enterrados furtivamente en una misma casa.
Los familiares aducen que el menor falleció hace varios años por causas naturales, sin embargo, los investigadores intentan acreditar esa versión. Pese a que el cadáver estaba esquelético, será remitido a especialistas forenses para determinar si presenta algún trauma.
Al parecer, muchas de las familias indígenas de escasos recursos retiradas de las áreas urbanas, acostumbran a enterrar a sus muertos en sus residencias sin notificar a las autoridades.
El cuerpo del menor estaba enterrado a sólo metros del cadáver de Milton.
Milton era un hombre presuntamente violento que torturaba a sus hermanos menores, y golpeaba a su madre y padre.
Los familiares, según una fuente judicial, aseguraron que Miltón "tenía pacto con el diablo". Bebía sangre de culebra, ratas y ratones, y cada vez que regresaba de cacería estaba como loco. |