Se acuerdan cuando papá y mamá les decían: "Estudien. Si no lo hacen, no serán nada en este mundo". Mucha razón tenían los viejos. Ahora es que nos damos cuenta de esa "cantaleta". ¿Quién no quiere lo mejor para sus hijos? No hay nadie que no aspire a que su hijo alcance metas académicas que los padres, por razones económicas, no pudieron lograr.
Gracias al empuje y preocupación de los padres, muchos jóvenes hoy día han logrado graduarse de los colegios secundarios. Antes, la gente no pasada del sexto grado. Hemos avanzado mucho, pues ya nadie se conforma con un bachillerato. Todos quieren ser licenciados, sin embargo, hay personas que piensan que, al obtener un cartón que los identifica como profesionales idóneos, ya se creen la "mama de Tarzán". Se sienten diferentes a los demás, inclusive se creen de una raza superior (están tan locos como lo estaba Hitler) cuando en realidad son iguales a nosotros. La sangre es del mismo color. No hay diferencia.
El peor de los casos es cuando tiene la obsesión de firmar las cartas que envían en sus trabajos como Licenciado fulano de tal o se da el caso cuando llaman a ciertas oficinas diciendo: "Aló...buenas.. habla el licenciado fulano".
No se sabe si es una enfermedad o que, pero lo cierto es que este tipo de personas no muestra humildad en nada. El título no hace al profesional. Existen muchas personas sin título que son excelentes en su trabajo. De ellos aprendemos todos los días. El cartón es sólo un requisito en este mundo, esto también lo deben conocer claramente los algunos Magister que abusan el doble de los licenciados.
No estamos diciendo que sea malo superarse, lo criticable es fanfarronear los títulos. La humildad es la base del éxito en todas las ramas de la vida. Imitemos a Cristo. El es el Rey y vino a servirnos.