El recuerdo del "Maracanazo", que pocos de los presentes vieron aunque todos conocen en detalle, y una rivalidad histórica, que funde la técnica de los brasileños con la "garra" de los uruguayos, son los ingredientes del segundo partido de la semifinal de la Copa América, que se disputará hoy en Lima.
Brasil y Uruguay llegan al choque, el 69 en su historia común, que se remonta al 12 de julio de 1917, con la sensación de haber encontrado la senda del buen fútbol.
Con un implacable 4-0 en la fase de cuartos de final, los pupilos de Carlos Alberto Parreira destrozaron los sueños de una selección mexicana que hasta el domingo caminaba en la Copa América sobre una especie de alfombra roja, la misma que extienden a las personalidades.
El equipo de Uruguay, que en opinión del entrenador Jorge Fossati era visto como el "patito feo" de la Copa, parecía estar condenado al fracaso por un problema económico que ha enfrentado a jugadores y directivos, sin embargo, le ganó con un inapelable 3-1 a Paraguay en cuartos.
Fossati dijo que su equipo "no está muerto", aunque entre los semifinalistas es el cuarto en la fila para el título.