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El licenciado Roberto Kouruklis, ha fallecido, luego de años de luchar contra las dolencias que lo aquejaban. Conocí a Roberto en el glorioso Nido de Aguilas, donde se constituyó en uno de los más conocidos dirigentes y orador de barricada de la muchachada institutora de 1976 a 1978.
En estos tiempos en que la juventud panameña carece de metas, valores y valor civil para luchar contra las injusticias sociales, en aras de un futuro mejor para las generaciones por venir, resulta conveniente reflexionar sobre la praxis de este joven de extracción humilde que fue capaz de surgir como profesional del Derecho, lúcido y competente, además de mostrar sensibilidad social suficiente para identificarse con "los que no tienen nada y hasta la tranquilidad de la nada se les niega", al decir de García Lorca.
Roberto, junto a Jorge Camacho, amigo y compañero de luchas, asesinado por los sicarios de la dictadura militar en 1978, son figuras emblemáticas de una juventud preocupada por el futuro de la Patria, llena de idealismo y con un deseo apasionado de erradicar las injusticias y desigualdades sociales del seno de la patria aherrojada por la feroz bota militar.
Como institutor, tuvo una militancia activa en el ámbito de la Asociación Federada en las luchas reivindicativas por arrancarle a los jenízaros del Ministerio de Educación, mejoras para el plantel; también fue un inclaudicable luchador antiimperialista y por la soberanía de Panamá en la entonces zona del canal.
En aquella época de idealismo juvenil, antes que las crueles realidades de la vida nos hicieran ver que la mezquindad humana es propia de su naturaleza, creíamos realmente en una sociedad más justa y equitativa, sabíamos que las clases dominantes jamás se despojarían pacíficamente de su sistema de explotación y que sólo quedaba un camino, el cambio radical a través de la revolución social.
La última vez que conversé con Roberto fue cerca del mediodía del 31 de diciembre de 1999, cuando con otros cientos de institutores desfilamos hacia el triángulo Shaler en la Escuela Superior de Balboa a ser testigos y protagonistas de la fecha histórica en que Panamá lograba el ejercicio de la soberanía real y efectiva de todo su territorio.
Roberto estuvo allí, observando, desde la acera, silencioso, pero satisfecho, como todos en ese momento glorioso, al sentir que dimos un granito de arena en esa lucha generacional. Descanse en paz compañero, los héroes no mueren cuando fallecen sino cuando los olvidamos, tú jamás serás olvidado, por eso vives. |