En la vida, algunas cosas pueden modificarse con el tiempo, pero la base de necesidad de afecto y placer continúa vigente, aunque nuestra cultura considere extraña la posibilidad de que el sexo puede experimentarse hasta el final de la vida.
Uno de los mitos más extendidos es que la sexualidad y reproducción van juntas y que la capacidad de goce sexual es inversamente proporcional a la edad que tenemos.
La aproximación de cada persona al sexo no se modifica porque soplemos más velitas en nuestro dulce de cumpleaños.
Y así como en las distintas áreas de la vida experimentamos cambios a medida que vamos desarrollándonos, también puede haber algunas modificaciones en el campo de la sexualidad.
El estado físico y psicológico de una persona dependen fundamentalmente del cuidado que ella se dedique durante su vida. Mientras más nos cuidemos a lo largo de nuestra vida, a medida que pasa el tiempo, estaremos en un buen estado.
Si un hombre o una mujer se ejercita, come bien, se cuida de situaciones estresantes, se mantiene activa, es muy probable que, al madurar, su organismo responda de acuerdo con estos cuidados.
Existe la creencia de que, en el caso que se mantenga una vida sexual activa, ésta debe ser igual a la que se experimentaba durante la adolescencia o la juventud.
Esto puede resultar sumamente frustrante, porque así como el ritmo para caminar cambia, se pone más lento, lo mismo ocurre con la respuesta sexual.
Hombres y mujeres vivimos los cambios de distintas maneras. Los varones pueden tener una respuesta eréctil más lenta o necesitar más estimulación para alcanzarla. Además, puede tardar más la eyaculación (cuando se produce) y el período refractario (el tiempo que transcurre entre una erección y otra) puede prolongarse.