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EDITORIAL
Loor al Instituto Nacional
Tranquila a la falda paterna del Ancón emergió como un inmenso nido de águilas, el Instituto Nacional hace 94 años, periodo en que desde entonces no ha dejado de formar parte de la vida sociopolítica del país.
El Instituto Nacional, plantel educativo que nace de la necesidad de crear un centro que formara los profesionales para que participaran en el desarrollo del país, abrió sus puertas gracias a la gestión del presidente José Domingo De Obaldía y su secretario de Instrucción Pública, Eusebio A. Morales.
Como fecha inaugural se señala el 17 de julio de 1909, pero los apuntes de don Alonso Roy indican que abrió sus puertas el 25 de abril de 1909 en la Calle 14 Oeste, Santa Ana, en el edificio que hoy ocupa la escuela primaria Manuel José Hurtado. Su primer rector fue el pedagogo e intelectual panameño don Justo Facio.
Durante los años previos a su fundación, la Asamblea Nacional lo incluyó en la Ley 22 de 31 de mayo de 1907, siendo sus artífices legislativos el científico y diputado a la Asamblea Nacional, Abel Bravo, presidente de la Comisión de Instrucción Pública, y el también diputado Arturo Amador García.
Hoy son 94 años transcurridos desde que emergió esta mole del templo del saber donde cada año se funden hombres profesionales de diferentes disciplinas que han dado su aporte a la patria, cumpliendo el legado por el cual abrió las puertas el "Nido de Aguilas".
La historia republicana registra al Instituto Nacional dentro de las hojas del nacionalismo criollo, donde la lucha por la soberanía total del país prevalecía. El 9 de enero de 1964 fue la fecha enmarcada en oro donde aguiluchos, guiados por el espíritu nacionalista e institutor, caminaron hasta la antigua Zona del Canal para exigir que la tricolor enarbolara en todo el territorio panameño.
Fueron años de lucha institutora desde el comienzo, donde sólo habían 300 alumnos, pero durante la administración del presidente De Obaldía se logró construir un gran edificio en una hectárea de terreno en las faldas del Cerro Ancón, donde permanece en la actualidad.
Al reconocido arquitecto italiano Genaro Ruggieri se le encargaron los planos y la obra, al ingeniero Florencio Harmodio Arosemena.
El complejo educativo constó de cinco pabellones y, en su punto más alto, se decoró con unas grandes figuras femeninas de bronce que sostienen la bandera y el escudo de armas de la naciente república.
Las estructuras del colegio sirvieron también para impartir docencia universitaria, pues fue en este colegio donde abrió sus puertas por primera vez la Universidad de Panamá.
Las esfinges, que significan sabiduría y genialidad fueron traídas de Italia, esculpidas por Gaetano Chiaremonte, un artista que será recordado por cada aguilucho que se nutrió de sabiduría en las aulas de ese plantel, porque los hombres que construyen sobre ideas, construyen para la eternidad.
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PUNTO CRITICO |
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