NUSTRA TIERRA

CUENTO
La Moñona

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Ansaquín París
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Se ha dicho que Santa Librada no solamente hace milagros, curando enfermedades que por la ciencia eran incurables, también ha ayudado a los necesitados de recursos económicos.

Hoy soy feliz. Fui con primos y amigos a visitar a la milagrosa mártir Santa Librada en Las Tablas.

Por la mañana temprano llovió torrencialmente, pero antes de la misa patronal (10:00 a.m.) el cielo apareció claro y límpido, hasta salió el sol. La calle estaba llena de charcos y también en las aceras fluía la corriente llevando papeles y cualquier clase de basura que siempre queda después de las fiestas patronales de estos pueblos del interior.

Vi alrededor del parque, frente a la iglesia cantidades de paraguas gigantes y debajo... mesas y catres abiertos con cientos de objetos dedicados a la santa milagrosa. ¡Hola varón..!cómprale a tus niñas este bello collar con la imagen de la santa, o ganchitos para el cabello de La Moñona, crucifijos, incienso para la buena suerte. ¿Qué te parece este llavero. ¿Bonito verdad?. Y así los mercaderes del parque, todos los 20 de julio hacen su agosto a cuenta de Santa Librada. Porque ella es tan buena, que permite le vaya bien a todos.

El campanero de la parroquia, ha comenzado a dar el segundo, de los tres toques anunciando que dentro de poco iniciará la misa patronal. Va llegando gente por todos los costados del parque, unos prefieren entrar y escoger su mejor puesto dentro de la iglesia, otros prefieren quedarse afuera para saludar a viejos conocidos que llegan de lugares distantes y que tenían tiempo de no verse. Las madres que vienen con sus chiquillos (varoncitos y nenas) prefieren quedarse afuera porque adentro el calor es insoportable, los abanicos sólo sirven para los que se sentaron cerca de ellos.

Me acerco a una madre que tiene en sus brazos a una pequeña que lleva ropa parecida a la que usa la santa con los colores “rojo y azul”, la niña llora desconsoladamente, por lo que le pregunto a su madre ¿por qué llora? -es que le di un raspa’o, y me dice que le duele mucho un ojo, tengo miedo que me le haga daño-. Para tranquilizarla un poco, le dije: “No se preocupe que el raspa’o no le hará daño alguno, lo que ocurrió fue que hace demasiado calor, su bebita tiene el cuerpo muy caliente, y como el raspa´o está frío, es un cambio brusco de temperatura que recibió su cuerpo, y ese dolor se le refleja en su ojito”, le aseguré.

Me llamó la atención la niña del raspa’o, por lo que le preguntó a la madre sobre el hábito rojiazul, y corona dorada que tenía sobre sus sienes la pequeña, respondiendo llena de gozo: -es que esta niña desde que nació, vino con problemas, le daba convulsiones cada vez que enfermaba de asma. Siempre parecía que se nos moría. Fue entonces cuando le pedí a Santa Librada que me la curara-, dijo la humilde señora al tiempo que le pregunté ¿Santa Librada se la curó? -”No la ves, pues que aquí la traigo todos los años para pagarle la manda a la Virgen”-. Muy cierto, la niña tiene siete años, y cinco que no le ha vuelto a dar asma desde que su madre le pidiera a Santa Librada que se la curara. Desde entonces todos los 20 de julio, la señora viaja desde las montañas de Penonomé, provincia de Coclé, a la ciudad de Las Tablas con su pequeña en brazos vestida igualita que la milagrosa.

Los milagros de la virgen Santa Librada son innumerables, aunque de su hábito cuelgan miles de piezas de oro y plata representando cada milagro concedido a sus devotos, esos milagros son pagados por los favorecidos con figuras en miniaturas de piernas, brazos, ojos, etc., o sea que patentizan el favor recibido por una de estas prendas. Y qué decir de la cantidad de cabello que recibe todos los años, también por favores concedidos. De todo el cabello que le ofrecen, escogen el mejor y se lo colocan en una hermosa cabellera que le cae sobre sus hombros como cataratas de rubí. Razón por la que muchos la llaman cariñosamente “La Moñona”.

Se ha dicho que Santa Librada no solamente hace milagros, curando enfermedades que por la ciencia eran incurables, también ha ayudado a los necesitados de recursos económicos. Tal como me explicó una señora setentona de blanca cabellera:

-A mí me gustaba mucho la parranda, no había baile típico por estos contornos que no visitara. Como estaba enviciada en los bailes, mi familia ya no creía en mi. Le pedí a Santa Librada que me quitara el vicio de los bailes, y santo remedio, hace 20 años que no piso un toldo, mi familia está contenta conmigo. Y yo con mi virgencita, que vengo desde Santiago todos los 20 de julio a darle personalmente las gracias. Y eso no es todo. Tenía 300 dólares para pagar una deuda, y ese dinero se me había perdido en mi casa. Nadie lo había tomado donde lo dejé, sin embargo el mismo día que llegaba la persona a quien tenía que pagarle unas horas antes con lágrimas y a punto de enloquecer, le pedí a Santa Librada que apareciera el dinero y apareció en un cajón con ropas-, relató esa señora con ferviente devoción.

A medida que camino por el parque escucho más testimonios de fe, de gente de muchas partes y de diferentes estratos. Estuve tan entretenido que no me percaté que la misa patronal había comenzado. No supe dónde estaban mis primos y amigos. La iglesia estaba tan llena, que la gente se apretujaba. Pedí muchos permisos para caminar recostado a una pared hasta llegar donde estaba la imagen de la virgen que se veía radiante, después de la noche anterior que fue su salve y procesión, fuegos artificiales y la gran serenata, todo en su honor. Me atrajo su pureza, que reflejada en su belleza, y aunque esté crucificada, la bondad se veía en su rostro como sonriéndole a todo el mundo.

Me puse a contemplar la imagen de la santa pensando en todos los milagros que lleva en su manto, más los que había escuchado unos minutos antes en el parque, pero.... ni siquiera oigo al sacerdote decir la misa. Observo su hermosa tez y sus delicadas manos traspasadas por los claros de la crucifixión, lo que me hizo invocar y alabar a Dios, mientras pasaba las cuentas del Rosario. En ese momento siento que ella se vuelve hacia mí riendo, se desclava de la cruz, sus manos, y me acaricia la cabeza y me revuelve el pelo, me alza muy alto entre sus manos, después me estrecha entre sus brazos y me aprieta contra su pecho. Entonces me hundo en pensamientos profundos que le infunden a todo mi cuerpo devoción, fe y un soplo cálido de amor por esta maravillosa mujer convertida en santa para el bien de la humanidad.

Terminada la santa misa patronal, abandonamos la iglesia, por eso fue fácil encontrar a primos y amigos en el parque. Pensé decirles el hermoso sueño que tuve frente a la imagen de Santa Librada, pero mi primo se adelantó para preguntarme ¿por qué tienes el pelo todo alborotado?, entonces pensé: fue cierto que Santa Librada bajó de su cruz, me acarició la cabeza y me revolvió el pelo.

Ya de regreso para Chitré, dentro del auto, la conversación sigue y deriva de una a otra cosa. Más tarde brindan con cervezas, suben el volumen a la radio.

Mientras tanto, espero impaciente el próximo 20 de julio para que otra vez Santa Librada se acerque a mí.

 

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