EDITORIAL
Sexo, juventud y alcohol
La parroquial existencia
de Panamá soporta gravísimas alteraciones que envuelven deterioros
graves en las conductas y los valores que obligan al análisis crítico
y a las responsabilidades de enderezar el rumbo social que nos arrastra
con degradación, con permisiones tolerantes, que afectan moralidad,
cortesía, autoridad y respeto.
En este derrotero de tolerancias censurables encontramos comportamientos
juveniles extraviados, que en múltiples ocasiones devienen en violentismos
y tragedias, con secuelas de dolor, luto y daños; de igual manera,
en forma creciente, se multiplican los eventos comerciales de desnudez pública,
con acentos morbosos y carnales, en discotecas citadinas, donde miríadas
de jovenzuelos, de ambos sexos, desbordan sus líbidos, vocean sus
congestionamientos lúbricos, y ofertan espectáculos censurables.
En un sitio de la ciudad, después de haberse consumido considerables
cantidades de licor, se oferta una suma sensitiva de dinero a quien entre
los asistentes acepte realizar los pasos del "strep-tease", y
en acompasadas gesticulaciones se despoje de la totalidad de las prendas
de vestir; acto que se realiza en medio de voces y gritos primitivos, propios
del extravío de protagonistas y espectadores.
En otro sitio, jóvenes mancebos son mantenidos en un recinto enrejado,
en el centro del lugar, casi desnudos, procediendo las jovenzuelas asistentes
a despojarlos del calzoncillo, dejarlos en desnudez y manosearlos, aportando
para estas acciones dinero que paga el espectáculo.
En el pasado de vida nocturna panameña los espectáculos
de artistas en cabaret y cantinas fueron vedados para los menores de edad;
los policías de turno y en ronda por las calles procedían
a impedir tales presencias juveniles.
Hoy, la pérdida de los valores del pudor, el respeto, la cortesía
y las estimas se traduce en celebraciones nocturnas con abundante consumo
alcohólico, donde se realizan danzas sincopadas, de groseros pasos
y estribillos de morbo y ofensa.
Las permisiones familiares por un mal entendido respeto a la juventud,
omiten esclarecer los pasos que recorren los hijos, quienes se comportan,
desde tempranas edades, como adultos; fumando, libando alcohol, y participando
en actividades que envuelven prácticas carnales, cuyas resultas se
muestran en estadísticas donde más del veintidos por ciento
de los nacimientos ocurren en madres menores de edad.
Las autoridades públicas, las instancias eclesiales, los educadores,
y los padres de familia, deben unir esfuerzos, y en unidad monolítica,
promover el retorno a los valores de la decencia, la tolerancia, el respeto,
la cortesía y la responsabilidad; solamente con la forja de una generación
de sólidos motivos éticos y de esclarecidos propósitos
personales garantizaremos el destino de futuro que el resto canalero envuelve
para Panamá.


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| AYER GRAFICO |
| Aguadulce, ciudad de progreso desde los primeros años de la nación. |


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