INQUIETUDES
Problemática de una enfermedad que no tiene cura


Muchos panameños padecen de Diabetes y no lo saben. Ni lo sospechan siquiera.

Lo peor es que es una enfermedad que no tiene cura.

 

Antonio Díaz
Crítica en Línea

En enésimas ocasiones, me han consultado sobre aspectos de la enfermedad conocida como Diabetes Mellitus. Una gran población del país padece de Diabetes, pero no lo sabe ni lo sospecha siquiera. Yo me incluía en ese conglomerado porque desde el año 1970 se me detectó la enfermedad, pero mi indisciplina me hizo subestimar este mal que, reitero, padecen muchos panameños.

No le deseo ni a mi peor enemigo, que los debo tener gratuitamente, esta enfermedad. He pasado por el calvario de tres hospitalizaciones, tres derrames cerebrales y dos operaciones en ambos ojos por una hemorragia visual. Sin embargo, he resistido estos embates siempre optimista de un total o parcial recuperación. Nada gano con proyectarme negativo, o como se dice en buen panameño, "echarme a llorar" por mis padecimientos. Como dije al principio, esta columna la escribo para complacer a muchos lectores que me han inquirido sobre las causas y motivos por las que adquirí la enfermedad.

La Diabetes Mellitus es una enfermedad traicionera y las muertes que ocurren son por las complicaciones. La alta concentración de azúcar en la sangre es el rasgo saliente y los síntomas iniciales son la constante evacuación de orina, fatiga, pérdida de energía y debilidad crónica. Sin embargo, todo esto lo fui superando, pero siguieron las complicaciones a las que ya he hecho referencia. La pérdida de sensibilidad en ambas piernas, la sensación de falta de circulación en dedos y manos también es otra característica de una enfermedad, que debo señalar que no tiene cura, por lo que los endocrinólogos recetan paliativos que se van alargando en la medida que el mal se va haciendo más crónico.

Como yo no conocía la enfermedad o bien la subestimé fui haciendo desarreglos y en el lapso de dos lustros fueron asomando a mi vida todas las complicaciones. Estuve hospitalizado en la Clínica Santa Fe y San Fernando,donde los médicos advirtieron tambiém que podía sufrir trastornos cardíacos. El día ante de las elecciones de mayo de 1994, me sentí un poco indispuesto y le dije al personal que regresaría en media hora, ya que iba a atenderme a la Clínica Santa Fe porque no me entraba un zapato y tenía las piernas hinchadas. Regresé dos meses después y los facultativos me señalaron que si no hubiera ido en ese momento, me hubieran cortado las dos piernas. Cuando reflexiono sobre la tragedia del colega Donald Quintero, son padecimientos semejantes, me aterra que ese pudiera ser mi destino por lo que he resistido para evitar ser mutilado. No sé si mi fuerza de voluntad alcance a resistir lo que le aconteció al apreciado colega, porque veo que pasan los años y la Diabetes sigue siendo un mal que no tiene cura, por más que los científicos se gasten verdaderas fortunas en investigaciones.

Los médicos, evidentemente dicen que no hay cura para esta enfermedad, pero las botánica aseguran lo contrario. Y recomiendan hierbas como contragavilana y productos como salvia, pero tampoco he escuchado a nadie que se haya curado tomando dichos medicamentos naturales. Así es que estamos en espera de un milagro que en un futuro cercano nos cure de este mal. Eso puede ser posible y ojalá llegue el remedio en la alborada del año 2000.

En mi familia han habido diabéticos y dicen que esta enfermedad es hereditaria. Dos tíos míos han muerto por las complicaciones, pero también fueron mutilados. Mi madre murió en 1941 por otra enfermedad que entonces no tenía cura y los avances de la ciencia llegaron muy tarde. Mi padre se perdió en el tiempo, la distancia y el olvido pero tampoco era diabético. Y este es el aspecto que la población panameña debe fijarse con interés, ya que en nuestra base alimenticia que es el arroz, la papa y el plátano, tiene un alto concentrado de almidones, los cuales se transforman en azúcares. Las bebidas favoritas de los panameños las cervezas y las sodas, también las procesan con arrocillo y azúcar natural. El panameño no cuida su dieta y, por ende, al no ser balanceada con carbohidratos y proteínas, hace propensa que adquiera esta enfermedad.

La Diabetes alcanza ya ribetes alarmantes pero los panameños no queremos reflexionar sobre sus causas y efectos. En toda América Central se citan cifras de la alta población que está sufriendo este mal, pero también hacen caso omiso a las advertencias. No quiero ser alarmista ni preocupar a muchos lectores de un problema que a mí sólo concierne. Pero es mi deber mostrarle, sobre la base de mi experiencia, lo que me está ocurriendo. Como siempre he sido optimista, sigo para adelante, con fe en Dios y con la convicción de que no voy a dejar que me derrumbe esta situación.

Regreso mañana a mis habituales labores después de una docena de días de incapacidad como producto de la operación en ambos ojos. Pienso que el descanso debe influir en mi recuperación, pero hasta ahora, la visión sigue borrosa y va a depender mucho de la evaluación médica. Preferí el reposo en Chitré porque la bucólica calma del ambiente chitreano puede ayudarme. La acumulación de stres también se ha reducido y regreso con nuevos bríos, pero reitero que va a depender de lo que diga el oftalmólogo y el endocrinólogo. Quiero perdirles disculpas a mis lectores por las interioridades que he dado a conocer sobre una enfermedad que a muchos disgusta cuando se le menciona, porque piensan que es deprimente hacer alusión de un problema cuyo interés está en el suscrito. Aprovecho la oportunidad para señalarles a esos mismos lectores que se cuiden y que no caigan en la indisciplina que yo, por ignorancia caí. Roguemos al Todopoderoso de que la cura o el remedio para la Diabetes Mellitus llegue antes del fin del milenio, pero si no fuera así, con resignación afrontemos lo que nos depara el destino y pensemos que sólo nos estamos adelantado el viaje eterno o sin retorno a la mansión de la eterna realidad.

 

 

 

 

 



 

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Aguadulce, ciudad de progreso desde los primeros años de la nación.


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