Bienvenidos contactos con los rebeldes
colombianos, mesa de paz aún lejana
Bogotá
AP
El más viejo
y poderoso jefe guerrillero del país y el presidente electo dialogan
sentados en la misma mesa en medio de la selva.
Era la expectativa de la semana. Pero la noticia no llegó desde
la espesa jungla del sur colombiano, sino desde la apacible población
de Mainz, en Alemania.
Gracias a las gestiones de la Iglesia Católica colombiana y alemana,
en Mainz representantes de un comité de paz no gubernamental colombiano
y dos miembros del rebelde Ejército de Liberación Nacional
(ELN) anunciaron el pasado 28 de junio la reanudación de diálogos
en busca de una negociación de paz.
Las primeras páginas de los diarios locales reflejaron las reacciones
dando la bienvenida a los contactos del gobierno con el ELN, segunda fuerza
guerrillera que cuenta con 5.000 hombres en armas.
Pero la columna vertebral del conflicto, dicen los analistas, está
formada por los 15.000 hombres de las irregulares Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC), y otros 6.000 que integran las bandas paramilitares
bajo el mando de Carlos Castaño, ambos engarzados en brutales enfrentamientos
que casi siempre dejan como víctimas a la población civil.
Aunque afirman que es un paso en el largo camino de la paz, pocos imaginan
que los contactos con el ELN se traduzcan en unas conversaciones oficiales,
mucho menos en la firma de un acuerdo.
En los contactos con el ELN ni siquiera hay una agenda y lo que salió
del encuentro de Mainz fue un compromiso de volver a reunirse en la población
alemana el 12 de julio con un grupo de al menos 40 representantes de distintos
sectores de la sociedad colombiana, desde la Iglesia Católica a los
empresarios.
Ni una palabra sobre desmovilización o desarme. Sólo se
ha mencionado diálogos sobre el respeto al derecho internacional
humanitario.
El optimismo por las nuevas conversaciones viene dado por el hecho de
que al menos uno de los sectores alzados en armas decidió buscar
algún tipo de negociación que detenga la guerra no declarada
que vive Colombia desde hace más de tres décadas.
No hay que generar falsas expectativas, porque la paz no se consigue
de un día para otro'', dijo esta semana Andres Pastrana, elegido
presidente en los comicios del 21 de junio.
Pero fue el propio Pastrana, un abogado de 44 años, que ofreció
la noche de su triunfo electoral un diálogo directo con los jefes
rebeldes. La mitad del país esperó para los días siguientes
la reunión cumbre entre Pastrana y Manuel Marulanda, alias Tirofijo'',
líder supremo de las FARC.
Fue justo cuando surgieron los reportes de la reanudación de los
contactos de ELN, cuya capacidad militar ni se asoma al poderío de
las FARC.
En eventuales negociaciones, mientras no estén las FARC, olvídese
de la paz, puede ser que el objetivo sea llegar a un acuerdo de desmovilización
del ELN, pero eso igual nos deja en guerra'', dijo Pedro Valenzuela, analista
de la Universidad Javeriana.
Y las FARC han reiterado que para dialogar primero deben ser detenidos
y desarmados los hombres de Castaño. Ahí es donde viene el
cuello de botella, los paramilitares piden la desmovilización de
la guerrilla y la guerrilla de los paramilitares, y ahí nadie sabe
qué va a pasar'', dijo por su parte Eduardo Pizarro, del instituto
de estudios políticos de la Universidad Nacional.
Declaraciones de paz de la guerrilla siempre han existido'', asegura
Valenzuela. Pero, agregó, de esas manifestaciones a sentarnos a negociar
estamos muy lejos''.


|