AYER GRAFICO
Taboga pierde su esplendor y riqueza, pero sigue bella y hospitalaria

El pasado tabogano es rico
en historia épica, romántica y patriótica. Se le recuerda
por los años de la abundancia de frutas (era famosa por sus gigantescas
piñas), sus playas soleadas, bañadas por un mar tranquilo
de aguas siempre limpias y esmeraldinas; y su gente linda, próspera
y bonachona.
Hace unas décadas, el viaje debía hacerse en veleros, que
zarpaban cada noche del muelle fiscal, en el mercado público y hacían
del trayecto una aventura de sal y espuma, aunque un poco peligrosa.
Los fines de semana, la isla ebullía con la visita de capitalinos
y estadounidenses residentes en la desaparecida zona del Canal, y el lugar
se consagró como sitio de turismo y esplendor.
Poco a poco Taboga ha ido perdiendo brillo. Ya no es el puerto de mar
desde donde partió la expedición de Pizarro en 1524 para descubrir
el Perú, convirtiéndola en paso obligado de todo navío
que llegaba o salía de Panamá.
También fue el trampolín de los piratas para llegar a Tierra
Firme, y fue el lugar donde atacó primero (18 de septiembre de 1819)
la fragata "La Rosa de los Andes" de la marina chilena, primera
emisaria de los aires independentistas americanos.
Durante la época de la construcción del ferrocarril y el
canal francés, Taboga fue lugar de veraneo, descanso y sano esparcimiento.
Pero ya no, la isla sigue viva; pero el brillo de aquellos años
de riqueza se ha apagado.

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