MENSAJE
Necesito purificación
Hermano Pablo,
Costa Mesa, California
El hombre levantó la
vista y lo que vio lo dejó horrorizado. Una mujer estaba totalmente
envuelta en llamas. A duras penas pudo apagar el fuego con agua y salvar
de una muerte segura a quien descubrió después, era su vecina.
Se trataba de Luisa Jiménez. Por varios días ella había
estado diciendo que necesitaba ser purificada. "Necesito purificación",
era la expresión que usaba. Su esposo la miraba entre extrañado
y serio, no sabiendo cómo interpretar sus palabras. "Purificación?"
le preguntó él un día. "Sí, purificación,
había contestado ella.
Luisa, de sólo 35 años de edad, era mujer de un fiel esposo
y madre de dos pequeños niños. Debiera haber sido feliz. Pero
estaba obsesionada con la idea de purificarse. Esa mañana se roció
con gasolina y se arrimó un fósforo encendido. El vecino que
la vio pudo apagar el fuego, pero ya las quemaduras habían cubierto
el noventa por ciento de su cuerpo.
"Purificación" era la palabra que obsesionaba a Luisa
Jiménez. Durante semanas enteras había estado hablando de
"purificarse". El esposo pensaba que ella podría sentir
impurezas físicas, o que tal vez hablaba de purificarse de algún
mal pensamiento. Pero nunca se imaginó que Luisa su esposa estaba
pensando convertirse en una tea humana.
No son pocas las personas que por momentos sienten la imperiosa necesidad
de ser purificadas. Mujeres que han cedido, quizás una sola vez,
a un amante pasajero, sienten la necesidad de purificarse. Hombres que han
sido infieles desearían quemar para siempre el recuerdo de su infeliz
aventura.
Hay también quienes buscan la purificación de otros fracasos,
de otras caídas. Buscan purificarse de errores y de injusticias que
han cometido, porque la conciencia es un fiscal acusador que suele ser insistente
e implacable cuando se trata de una infracción moral.
Si fuéramos sinceros, quizás todos por igual diríamos
que hay cosas en nuestro pasado que si pudiéramos eliminarlas con
echarnos gasolina encima y arrimarnos un fósforo, lo haríamos.
Pero hay una buena noticia. La Biblia enseña que la sangre que
vertió Jesucristo en la cruz del Calvario produce esa purificación.
El sacrificio de Jesucristo, cuando lo creemos y lo aceptamos, nos purifica
por completo de nuestros pecados. Esa inmolación ya se ha realizado.
Sólo hay que aceptarla.


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