Algunos panameños que ostentan altos cargos públicos son amantes a la prepotencia y esto lo demuestran a menudo. Es común observar a estos funcionarios aprovecharse de estos puestos para intimidar a sus propios vecinos. Piensan que la gente todavía vive en tiempos de la "Patria boba". Se olvidan que estamos en el siglo XXI.
"Yo soy fulano de tal y tengo poder y me respalda fulano de tal. Usted no me reconoce", son frases atropellantes que ofenden al pensamiento y al más humilde de los panameños. Quizás si esta ostentación de poder la usaran para ejercer mejor las funciones que tienen, las cosas en nuestra sociedad, en la juventud, en la familia, en la justicia plena y en otras latitudes, anduvieran mucho mejor.
Los susodichos abusan de diferentes maneras y sus familiares cercanos no desmayan en arroparse con esa arrogancia porque creen que la impunidad que tanto daño le hace a la sociedad panameña los protege también a ellos. Qué equivocados están y qué mal papel juegan.
Estos funcionarios públicos pareciera que no entienden que esa sociedad que le ríe sus malos chistes y que los guardianes del orden público que no actúan por temor, los repudian. Se han olvidado de que la vida diaria tiene que ir acorde con lo que se practica en las instancias públicas, no importa el cargo y la jerarquía.
Muchas veces la gente se rebela ante estos funcionarios porque hoy día vivimos en una comunidad libre y democrática, respetuosa del derecho ajeno, respetuosa de la tranquilidad y de la convivencia pacífica, pero dentro del consabido respeto a tu derecho y al mío. Ya no hay espacio para que los abusadores del poder, vengan del Órgano del Estado que venga, incluyendo las más altas autoridades a quienes les corresponde impartir justicia y dar un el ejemplo.
El espacio y tiempo de estas personas está a punto de extinguirse, porque ya no caben en una sociedad o comunidad moderna, de avanzada y con principios morales.