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Hombre presenta a su hija como víctima de la fumigación antidrogas

Agencias
Internacionales
Clemente Martínez cruzó selvas ignotas y ríos caudalosos para llegar hasta la localidad colombiana de Los Pozos (al sur del país) y presentar lo que describió como la grave consecuencia de las fumigaciones de los cultivos de coca, la materia prima de la cocaína: su hija enferma. "Aquí tiene, mi señor, ésta es la maravillosa decisión de Estados Unidos de combatir el narcotráfico con herbicidas proscritos por ellos mismos, pero muy útiles para dañarlo todo, hasta la vida, en los países pobres", ironizó Martínez, tomando del brazo a su hija. El labriego pidió explícitamente a la AFP no utilizar su nombre verdadero para protegerse de los paramilitares de extrema derecha que, según dijo, lo persiguen en su aldea del selvático departamento de Putumayo, fronterizo con Ecuador y Perú. Martínez llegó a Los Pozos (740 km al sur de Bogotá) para asistir, este jueves y el viernes, a una reunión sobre los cultivos ilícitos y su impacto en el medio ambiente, convocada por el Gobierno colombiano y la guerrilla marxista de las FARC en el marco de las negociaciones de paz que llevan a cabo desde octubre pasado. Ansiosa y de aspecto débil como su padre, la menor, de unos 15 años, fijó la mirada en la inmensidad de la selva colombiana, que está dejando de ser virgen ante el avance devorador de los cultivos de coca y amapola, la materia prima de la heroína. "Es que mi niña se está muriendo de a poco, víctima de una guerra inútil que sería más limpia y menos costosa si en vez de helicópteros artillados y fumigaciones con herbicidas prohibidos, el mundo de los ricos invirtiera en el desarrollo alternativo de las zonas cocaleras", dijo Martínez. Siempre irónico, el labriego señaló que "los países desarrollados necesitan una excusa para perseguir más allá de sus fronteras a un satanás de fin y comienzo de milenio, que reemplazó al comunismo con el nombre de narcotráfico, y que se está llevando a los niños buenos, mientras produce anualmente más de 400.000 millones de dólares que no se quedan propiamente en Colombia".
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Siempre irónico, el labriego señaló que "los países desarrollados necesitan una excusa para perseguir más allá de sus fronteras a un satanás de fin y comienzo de milenio, que reemplazó al comunismo con el nombre de narcotráfico, y que se está llevando a los niños buenos, mientras produce anualmente más de 400.000 millones de dólares que no se quedan propiamente en Colombia".
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