Domingo 28 de junio de 1998

 








 

 

EDITORIAL
Confesiones de un pandillero juvenil

La vida citadina panameña se encuentra signada por los quehaceres criminales de pandilleros que debaten y resuelven sus controversias a golpes de puñal y disparos de proyectiles, dejando estelas de muerte y daño que llenan de luto y pesar a múltiples hogares nativos.

En este sentido, las gestiones adelantadas por autoridades públicas, municipales, del Ministerio de la Juventud y eclesiales, en Colón, son ejemplo ductor que debería imitarse y profundizarse, de manera que logremos paz en las calles, al lograr que las pandillas depongan las armas y abandonen las prácticas violentas, para acogerse al programa de empleo y adiestramientos que permitan la resocialización efectiva, la rectificación de sus pasos, por vías de positividad y provecho social.

Ahora, un joven pandillero que llenó por más de seis años de maldad y terror las calles colonenses se acoge al alero formativo de un colegio, cumple las labores técnicas que lo convertirá en operario especializado, y ofrece sus testimonios delictivos a la prensa.

El relato recorre las jornadas iniciales de incorporación al crimen y los narcóticos, donde la conversión de un kilogramo de cocaína reporta al distribuidor más de setecientos balboas de ganancia, con lo cual la vida fácil, la jactancia del maleantismo, y la impunidad de los crímenes, forjan un pensamiento delictivo profundo; torcedura que resulta difícil de superar.

Los afanes callejeros por mantener las hegemonías y poderes en un determinado territorio se traducen en enfrentamientos a tiros y puñal que morigera la presencia policial de motorizados y las rondas a pie. El producto de las fechorías, que incluye hurtos, asaltos a "chinitos", y en general, actos violentos reñidos con las normas legales, se destinan a la ostentación de ropas de fina confección, zapatillas de marca, prendas de valor que permiten discernir jefaturas en los barrios.

La regla de oro de la delincuencia juvenil es simple: no dejarse atrapar por la justicia; para garantirse la protección que aleje a los policías y las autoridades, son idóneas las prácticas de brujería, que mediante rezos y sacrificios, donde el santero envuelve en humo de tabaco el cuerpo del delincuente a proteger, expulsa esos peligros.

De igual manera, los collares y los brazaletes con los colores de los santos del fuego, el aire, el agua y la tierra, otorgan adicionales garantías protectivas; de idéntica manera se recurre al rito para obtener amores carnales y conservar la fidelidad del ser amado.

El fenómeno de la criminalidad panameña; la precisión de los mecanismos del narcotráfico, los acomodos pandilleros, los comercios subterráneos de objetos robados, las protecciones ilegítimas, los arrendamientos de armas de fuego, y en general, los parámetros del mundo del crimen vigente, reclaman acciones coordinadas, certeras, idóneas, de la sociedad civil y política, si queremos aplastar el creciente desvío delictivo que nos rodea, como confiesa el pandillero en su arrepentimiento.

 

 

 


 

AYER GRAFICO
Los clubes cívicos baluartes de lucha contra la tiranía.


CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Sin embargo, siempre dejo todo para última hora.


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