El mundial se goza y se vive lejos de
la patria amada
Carlos A.Martínez
Redactor de Crítica en Línea
Era un martes y, siendo
panameño, decidí seguir la pista a uno de los varios equipos
que participan como finalistas del mundial de Francia'98, como el caso del
seleccionado nacional chileno, que después de 16 años y mucho
sufrimiento estaban metidos en la gran fiesta del deporte fútbol.
La emoción de escuchar su himno nacional, de sentir el calor de
su gente, muchos de ellos a quienes núnca hemos visto porque están
aquí pero no se manifiestan tanto como otras colectividades como
los peruanos o los colombianos, personas de todos los estratos sociales,
la belleza de sus mujeres que conviven entre nuestra gente y contribuyendo
hasta de forma anónima con el desarrollo de nuestro país,
su segunda patria. Era el mundial y lo gozaban al máximo con cada
jugada, sufrían con alguna situación y gritaban a todo pulmón
y como si estuvieran en el propio estadio y ante las pantallas gigantes
ese grito universal del gol.
Quizás muchos panameños ignoramos cuánto y cuándo
podemos añorar al país de origen que uno deja por alguna razón,
pero cuando existe un buen pretexto, como el deporte, de unir a toda una
comunidad dispersa y sentir que el amor por su tierra va más allá
de lo que podemos imaginar, se nota esa gran sensación, que, incluso,
es contagioso y muchos seguimos los pasos como uno más de entre ellos.
La sensación de los chilenos, lo sienten los italianos, que en
este mundial se han establecido al igual que otras comunidades, en pequeños
centros como los restaurantes y bares para sentir el entusiasmo por sus
colores. Los españoles, más reservados, se concentraban en
su centro de la Sociedad Española, en que gritaron hasta el cansacio
los goles que valieron a poco al ser eliminados.
Los argentinos y los brasileños, mayoría entre los seguidores,
han estado muy concentrados y han celebrado, pensando en que en algún
momento, la buena fortuna les depare algo especial, los estadounidenses,
poco dados a comprender el entusiasmo por el fútbol soccer, también
fueron festivos como cosa inédita y si los hispanos fueron reservados,
más lo estarían las pequeñas comunidades de japoneses,
árabes y coreanos, la mayoría empresarios y comerciantes quienes
lo vivían en familia, sintiéndolo más con el corazón
introvertido que con la pasión externa de las otras comunidades.
¿ los panameños?. Si bien no clasificamos como finalistas,
Francia'98 representó un entusiasmo a lo grande, con transmisiones
televisivas y de otros medios de comunicación de forma completa,
mientras los comercios han hecho "bingo" con la venta de toda
clase de artículos y los souvenirs, que no se veían, ahora
se venden como "pan caliente", desde los muñequitos de
Ronaldo o el "Pibe" Valderrama hasta el "Footix", la
mascota del mundial que canta. Incluso las camisetas están a la orden
del día de diferentes selecciones nacionales.
Todo esto nos hizo recordar aquellos momentos en que nuestro país
vivió los juegos regionales de la década del setenta y nos
indica que el mundial de fútbol se vive y se siente esta "fiebre"
que no debe decer apenas finalice, y le tocará a los clubes locales,
a la liga no aficionada y a todos quienes nos involucramos en este deporte
a que el mismo siga siendo una verdadera pasión y qué mejor
ejemplo a seguir, que de estos hermanos del mundo quienes, unidos, conviven
en un sólo amor por su patria lejana el gusto de vivir el fútbol.


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| Era un martes y, siendo panameño, decidí seguir la pista
a uno de los varios equipos que participan como finalistas del mundial de
Francia'98, como el caso del seleccionado nacional chileno, que después
de 16 años y mucho sufrimiento estaban metidos en la gran fiesta
del deporte fútbol. |

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