El llanto de Maritza Gónzalez al ver partir el féretro con el cadáver de su hijo mayor, Erving Pérez, alias "Yeyo", de 17 años, fue desgarrador. No había quien la calmara. Gritaba: "¡Papito, papito, cómo te quiero! Por favor quiero darle otro besito antes de que se lo lleven".
Erving Pérez, el mayor de cuatro hermanos, fue asesinado de un tiro en la espalda luego que fuera liberado de la subestación de Policía de El Chorrillo, donde había sido llevado como parte de un operativo de profilaxis social efectuado el domingo 11 de junio.
Sus honras fúnebres se realizaron la tarde de ayer, en la Iglesia Hossana, donde la mayoría de los presentes eran jóvenes que habían compartido con "Yeyo" momentos inolvidables.
El pastor encargado del culto daba fuerzas a la familia y les recordaba que disfrutar la vida no es vivir muchos años, porque la verdadera vida es seguir a Dios.
Erving acudía a la Iglesia y compartió muchos momentos de oración, sostuvo un familiar. La PTJ investiga ese caso, pero no hay detenidos.
Mientras tanto, se espera el resultado de la investigación interna que realiza la Policía acerca del procedimiento utilizado en la subestación de El Chorrillo la noche en que fue asesinado el menor.