En la víspera del Día del Padre me viene a la mente aquellos hijos que se olvidan por completo de su papá. Nunca tienen tiempo para visitarlo, hacerle una llamada telefónica, enviarle una carta o ahora -con el modernismo cibernético- remitirle un email.
Si bien es cierto que por las características propias de la vida, los hombres son más recios que las mujeres, no se puede obviar que todo ser humano tiene algún grado de sentimientos y necesita que sus seres queridos le expresen lo importante que son para ellos.
Es verdad que el amor de un hijo hacia una madre es casi siempre mayor que hacia los padres; eso la mayoría de los hombres lo entiende y no lo discuten, pero eso no significa que debas olvidar a ese ser que contribuyó a traerte al mundo.
Aquellos que tienen a su padre en el interior pueden hacer un esfuerzo para estar con él este domingo. Más que enviar un regalo por encomienda, estoy seguro que el mejor obsequio que espera de ti, es tu presencia en casa.
Los otros compromisos pueden esperar. Hoy gracias a Dios tienes a tu padre vivo.
A veces no apreciamos las cosas en vida. Mañana cuando él desaparezca te lamentarás, porque no le dedicaste tiempo suficiente a tu padre.
Los que mantienen diferencias con su padre, ahora es el mejor momento para declarar una paz en una guerra que nunca debió ser.
Es inconcebible que existan odios entre padre e hijos. A veces los padres por razón de la edad o de alguna enfermedad, son difíciles de tratar, pero hay que hacer el esfuerzo.
Al final si le dispensa amor y comprensión el sabrá entender.