"Naranjas... naranjas... se venden naranjas", frase de los "niños del semáforo". O una pequeña, muy humilde, vendiendo estampas de alguna figura de ese mundo mágico que tal vez no conocerá Wald Dysney.
Son menores de edad que trabajan. Realidad de una sociedad que dice llegar a la famosa "globalización". Hoy, en el Día Internacional Contra el Trabajo Infantil, Crítica conversó con un conocedor del tema, Plinio Castillo.
Castillo, quien es la parte deportiva del Comité para la Erradicación del Trabajo Infantil (CETIPAC), nos contó que el tema no es broma. "Tratamos con más de 2, 500 menores de edad de lugares bien difíciles de Panamá, San Miguelito y Colón. Esto es un trabajo serio. Se trata de mejorarle la vida a niños que por trabajar no pueden ni estudiar", afirmó.
"A ellos lo que más les gusta es el deporte. Es el enganche ideal para que participen del programa. Este año esperamos que el programa supere los 4, 000 niños", destacó.
"El deporte acompañado con valores, para que los muchachos sepan que no sólo es ser atleta, sino como valor de honestidad y compañerismo", destacó el conocido entrenador de categorías menores.
"Se hace voleibol, baloncesto, fútbol y juegos recreativos. Pero el fútbol es la locura para los muchachos, de verdad que cuando ven la pelota es más fácil hablarles de cualquier tema", enfatizó.
"Se inculcan los fundamentos del deporte. Se han detectado jóvenes en situaciones donde su vida y salud están en problemas. Hay que alejarlos para que no los exploten. A veces por sus propios padres y otros individuos", agregó.
"Trabajos como vender en los semáforos, en los diferentes negocios como peligrosos bares, las niñas corren mucho riesgo", señaló la fuente, quien tiene más de 30 años trabajando con niños en el deporte.