En la pared de una calle en Argentina leemos aún el reclamo al gobierno por sus muertos: "30 años y sigue la impunidad".
Allá como aquí hay quienes callan y sufren en silencio el "olvido". Los que sin temor dan la cara para exigir justicia por los desaparecidos saben que el pasado no puede enterrarse fácilmente.
Los hombres y mujeres que ofrendaron sus vidas por la libertad de sus ideas sufrieron en las cárceles custodiadas por abusadores.
Algunos no participaron en contra de la dictadura militar por ciertas situaciones, pero otros se arriesgaron y conocieron al monstruo de cerca. Fueron ultrajados, asesinados y los sobrevivientes cambiaron sus vidas y modo de verla para siempre. Sólo porque sus pensamientos políticos y ciudadanos exigían democracia.
Los recuerdos de mi niñez hacen eco en la memoria. Una mañana clara y llena de sol. La gente iba y venía por las aceras de calle cuarta.
Mi madre se detuvo junto a una billetera en el desaparecido almacén 47. La foto en el papel quedó frente a mí, era Rita Wald. Las letras de la hoja decían: "Se Busca...".
Años después, siendo Periodista supe su historia de boca de su hermano, cuya existencia tiene solo una meta: "Saber dónde están sus restos para tranquilidad de mi madre". Dejó sus estudios en Méjico para hallar a su hermana.
Como profesional del periodismo en los noventa, también me tocó investigar a otro de los "olvidados de la dictadura". Fui hasta el sitio en el cual desapareció en Potrerillos. Pregunté y la gente tenía miedo... "Vinieron unos guardias y se lo llevaron en un patrulla, es lo que recuerdo"... Su esposa, la última vez que la vi el año pasado, aún vestía de negro por él. El nombre del infortunado joven era Diego Villarreal. Los motivos fueron confusos, pero es una vida que dejó de ver el sol sin más explicaciones.
Una tumba donde llorar y depositar una flor la merece cualquier persona.