La recolección y el tratamiento adecuado de las aguas residuales, antes de que contaminen los ríos y mares, se ha convertido en Panamá en un verdadero reto, sin que se hayan logrado avances en esa materia, muy a pesar de lo que pregona la propaganda oficial en dos instituciones estatales: el IDAAN y la Autoridad Nacional del Medio Ambiente.
A mi juicio, el principal escollo que presenta este asunto, está en no dar el paso para aplicar una legislación que obligue al tratamiento de las aguas negras y residuales, producto de la actividad humana e industrial, antes de verterla a los ríos y quebradas, y posteriormente al mar.
¿Razones de costos, facilismo y poca conciencia sobre el valor del entorno natural que se está destruyendo al enviar las aguas crudas al mar? Al vaciar desechos químicos al curso de las aguas, no solamente se está destruyendo el medio ambiente físico, sino que, se acaba con la vida animal y vegetal de especies que son determinantes en la supervivencia de la cadena biológica.
Difícilmente, puede una entidad pública como el IDAAN, que enfrenta un déficit en la dotación de agua potable a la población, encarar al mismo tiempo el problema de la contaminación ambiental. Se requiere de la formación de nuevas instancias con recursos propios que trabajen en la actividad de conservar limpio de impurezas el medio ambiente.
Las declaraciones del exdirector de la ANAM, Ricardo Anguizola, señalando que se han hecho avances en la materia, no se compaginan por ejemplo, con la práctica de las empresas constructoras de viviendas de situar los tranques sépticos a escasos metros del curso de los ríos, en el sector de Panamá Oeste, en una clara intención de que, cuando ocurran derrames se vieran los desechos fecales en las corrientes de agua en movimiento que van a dar al mar.
Lo mismo ocurre en la instalación de talleres automotrices cercanos a quebradas que depositan sus aguas en el río Caimito. Este asunto es más serio de lo que se puede ver y lo más crítico es que los costos de recuperación serán más altos.