Las dos modalidades básicas de consumir el pomelo son: entero (a gajos, cortado en rodajas o por la mitad), cubierto ligeramente de miel o azúcar para compensar su acidez y amargor, y en jugo. De esta última forma es muy consumido en algunos países, y constituye el ingrediente fundamental en el desayuno.
Se trata de una buena alternativa al jugo de naranja o limón, o bien se puede mezclar con cualquiera de ellos. Al exprimirlo se obtiene una considerable cantidad de jugo, de sabor dulce, amargo y ácido a la vez.
Además de su consumo como fruta fresca, ciertas variedades de pomelo se emplean en la agroindustria para elaborar mermeladas, jaleas, almíbares y cócteles.
Asimismo, resulta un ingrediente sorprendente en macedonias y ensaladas, y se puede cocinar para acompañar platos de cerdo, pollo y marisco.
La piel de algunas variedades muy bien lavadas se puede consumir confitada, y a partir de ella se extrae un aceite esencial que se emplea en perfumería y licorería. También se comercializa el pomelo enlatado en gajos, muy utilizado para preparar ensaladas, macedonias y para platos de carne y mariscos.