La Asamblea Mundial de la Salud debe aprobar hoy una estrategia contra la obesidad, causa principal del incremento de las enfermedades cardiovasculares y de la diabetes no sólo en el mundo desarrollado sino cada vez más en los países pobres.
Brasil, Cuba y otros países azucareros trabajaron duramente entre bastidores para introducir diversas modificaciones para impedir que se estableciesen límites globales a la ingesta de azúcar y para señalar a la malnutrición, más que a la sobrealimentación, como el principal problema del mundo en desarrollo.
El documento recuerda que el 66 por ciento de las defunciones atribuidas a las enfermedades no transmisibles se registran en los países en desarrollo, donde las personas afectadas son además por término medio más jóvenes que en los desarrollados.
Para poner remedio a esa fatal tendencia, se propone una alimentación sana, basada principalmente en legumbres y frutas y un menor consumo de grasas, azúcar y sal, así como el ejercicio físico durante toda la vida del individuo para combatir las consecuencias nocivas del sedentarismo.
El proyecto de resolución que deben aprobar por consenso los 192 países de la OMS hace un llamado a los gobiernos para que se abstengan de aplicar medidas fiscales u otros incentivos, como subsidios, al poner en práctica esa estrategia.