Dos hermanos son atacados por un extraño animal. Luego del ataque, los elementos circunstanciales encontrados en la Internet llevan a inferir a uno de los hermanos que han sido mordidos por un licántropo e inevitablemente se convertirán en hombre y mujer lobo.
Luchan, en medio de su reciente orfandad, por salir adelante y sobrevivir a la vida profesional en el caso de la hermana mayor (Cristina Ricci) y a la pubertad del otro hermano. Ambos van descubriendo que el lado sexy y salvaje de cada uno sale a relucir mientras se da la transformación. En medio de todo esto, muertes misteriosas y otros ataques de la bestia.
La marca de la bestia es el nuevo filme adolescente de terror dirigido por Wes Craven, maestro del género de amplia tradición gracias a la colección de Pesadilla en la calle Elm y Scream. A este director se le reconoce por la realización de piezas sublimes y ridículas, siendo esta última cinta, el segundo ejemplo.
Si bien Craven ha sido capaz de crear maravillas como Pesadilla en la calle Elm (la primera de la serie de Freddy), A new nightmare (la penúltima si contamos como parte de la serie Freddy vs. Jason), Scream, La serpiente y el arco iris, House on the left y Música del corazón, también ha entregado severos plomones como Shocker y The people Ander the stairs. De todas maneras, uno esperaba que en esta última cinta en la cual se reúne con el guionista Kevin Williamson, con quien trabajó en la serie de Scream, hubiese destellos de genialidad y entrega al género, sin embargo su pobre ejecución y lamentable resultado, deja una sensación de repudio a esta etapa del cine de Craven, similar a lo que pasa con el maestro John Carpenter.
Sí, ciertamente, La marca de la bestia se apoya en el “horror adolescente con toques de comedia negra”, y plantea una visita a clásicos del género como Un hombre lobo americano en Londres, de John Landis, El aullido, Teen wolf, la interesante Ginger Snaps o la versión de Mike Nichols llamada Wolf, pero comete los errores tontos de las películas malas de terror, que pese a contar con buenas secuencias, escenas de susto gratuito, buenos efectos de sonido y un interesante giro argumental, de pronto cae en lugares comunes y vicios harto conocidos.
Ahora, hay que darle un voto de confianza al filme, pues según los bochinches de Hollywood, la producción sufrió suspensiones del rodaje, reescrituras del guión, eliminación de personajes (entre ellos el interpretado por Skeet Ulrich), rodaje de nuevas escenas y un intenso montaje. Por cierto, sus efectos especiales son risibles y lucen mal, a pesar de contar con el talento de Rick Baker, de quien también se supo que abandonó la producción.
Es un filme del montón y una pérdida de talentos, en especial el de la Ricci, que en algunas escenas nos recuerda a Wednesday Addams, papel que hizo cuando niña. Calificación: 1, pero chequeen la confesión "yo soy gay… yo soy hombre lobo" y las apariciones de Scott Baio, que son lo mejor del filme.