Para darse a entender hay que hablar claramente. No se puede andar con medias verdades. La mejor forma de no equivocarse nunca es decir siempre la verdad.
Un niño con el que converso siempre, cuando no entiende algo me pregunta: ¿qué significa eso?. El chico me arranca una sonrisa cada vez que repite esa frase.
A veces se nos olvida hablar claramente. Asumimos que el resto de las personas entienden lo que queremos decirle, cuando en la realidad, a veces tienen que adivinar.
En algunas ocasiones involuntariamente no hablamos claramente y otras veces, de manera planificada, no nos expresamos debidamente, quizás para no causar malestar en nuestro interlocutor, pero en este último caso incurrimos en mentiras o medias verdades.
Hay personas que incurren en tantas mentiras que llegan al extremo que de un hecho sencillo, al final de la tarde tienen tres versiones diferentes. ¡Oye que te cuesta la sinceridad!.
No hay nada mejor que la verdad. Te ahorra explicaciones y malentendidos. Es mejor que cuando alguien te vea en la calle exclame: "allá va fulano de tal, un hombre que siempre anda con la verdad ", que murmullen "cuidado, allí viene Pinocho".
La mentira como cualquiera otra pésima costumbre, le crea una mala fama al ser humano.
Nadie nace mentiroso, pero en el camino de la vida, se le pega a uno lo malo, por eso es bueno corregir a los niños, cuando incurren en ese tipo de faltas.
Los niños de por sí son inocentes y son fáciles de descubrir cuando mienten. A los adultos, aunque resulta algo más difícil, también se les puede detectar. El mentiroso mayor esquiva la mirada, cambia el tema de conversación y se le soplan las fosas nasales. !Haz la prueba!.