El cuatrerismo como tal, no sólo implica pérdidas económicas para los productores y las instituciones.
La implicación va más allá, ya que representa una serio peligro para la salud pública.
Hay un riesgo más que evidente para quienes consumen productos que no han sido sometidos al rigor de un correcto proceso sanitario.
Es decir, cuando se sacrifica una res para el consumo humano con todas las de la ley, la misma tiene que pasar por controles sanitarios que comprueben está totalmente libre de cualquiera enfermedad.
Las reses pueden ser portadoras de enfermedades como la brucelosis, tuberculosis, aftosa, ciertas parasitosis y ¡Ayy, Dios nos libre!, de hasta del mal de las Vacas Locas, que aunque no ha habido ningún brote, no estamos excentos de ellos.
Demás está decir que algunas reses son tratadas con diversos medicamentos y en esa fase de saneamiento no son aptas para el consumo. También son rociadas o bañadas para eliminarle los parásitos que las atacan como garrapatas, moscas y otros.
Los cuatreros operan en las más de las veces en la oscuridad de la noche. Así que ellos no van a averiguar a que rumiante y somnoliento vacuno le van a echar la soga para descuartizarlo.
Y ese es otro peligro. Al ser destazado en el campo el animal, la carne no es manipulada sanitariamente y puede ser contaminada con bacterias, virus, parásitos y hasta con los potentes pesticidas que se echa a los potreros para eliminar las malezas.