Una vieja canción popular de hace más de medio siglo señalaba en forma burlona que "el trabajo lo hizo Dios como castigo". Después indicaba que quienes debían trabajar eran los bueyes, animales tranquilos y fuertes muy útiles para labores pesadas.
¡Pero lo que decía esa canción es falso!
Para muchos panameños trabajar es algo agradable. No sólo les proporciona medios para vivir, sino que llena sus vidas y los convierte en seres útiles al desarrollo del país.
Uno de ellos es aquel jovencito que con seguridad sacó una cuchilla "exacto", para cortar material de una remodelación de una restaurante. Pensé de inmediato en el lamentable incidente de la Universidad.
Allí el "exacto" lo usaron para herir a un ser humano. Lo hicieron unos jóvenes que avergüenzan a miles de universitarios serios y estudiosos.
Vi a estos tres adolescentes que trabajaban el Jueves Santo con entusiasmo. Verlos a ellos es llenarse de optimismo sobre un sector de la juventud panameña que no anda en pachangas, drogas ni politiquería barata.
Recordé el mejor consejo que he recibido sobre la manera de hacer un trabajo. Tenía dieciocho años y comenzaba a ganarme "el pan con el sudor de mi frente".
Me jefe era el Juez Rubén D. Conte, quien me indicó que había que "trabajar con amor" para tener éxito en la vida.
"No importa lo que Ud. haga si lo hace con amor", me dijo con voz llena de aprecio por este jovencito que comenzaba a vivir como adulto.
A través de mis años de trabajo he procurado hacerlo "con amor", disfrutando lo más que puedo. A veces no ha sido fácil, debo confesarlo...
Conozco personas que odian trabajar. Ir a cumplir con sus obligaciones se les convierte en una tortura.
Se la pasan viendo el reloj para salir de primeros, aunque hayan llegado de última a la oficina.
"Huesean" a cada momento, aprovechando lo que sea para no trabajar. Sueñan en la salvadora jubilación, aunque ella se encuentre muy lejos (sobre todo ahora con la cantidad de cuotas del Seguros Social).
Y después que se jubilan, no les extrañe verlos por allí dando vueltas sin rumbo, aburridos por no tener algo que hacer.
En lugar de ingeniárselas para trabajar y ayudar a otros más necesitados, y beneficiar a sus comunidades.
¡Cuánto talento se pierde en Panamá con jubilados inactivos!
El Día del Trabajo para mí es algo agradable. ¡Lo malo es que no se trabaja!