Es obvio que son múltiples las variadas raíces que sostienen las habilidades individuales de cada persona, para que la obtención de los propósitos sean afines con lo que nos hemos dispuesto en la vida.
Si las aptitudes y la fuerza de voluntad obran de acuerdo, no puede haber excusa en las faltas cometidas. No podemos deshilar el ovillo basándonos en la rapidez y la destreza, es casi seguro que adelante nos espere el error, malogrando la puntualidad del objetivo.
Hoy tenemos en las calles y los claustros miles de muchachos hechos para la holganza, no sabiendo ubicarse correctamente, tembloroso el arco para lanzar los dardos al blanco indicado.
He ahí el fracaso calificativo de sus propias ineptitudes. La educación se desperdicia, también el tiempo, factores inapreciables a donde se debe abrir el pensamiento y encerrar los conocimientos pues no representa ciencia alguna el oír sin retener con precisión y agrado.
Lo que nos ha dignado la naturaleza, nos será siempre estéril si la fortuna le es infiel. No esperemos buenas cosechas si la semilla esparcida en la tierra, la hemos sembrado fuera de la benignidad del clima que le conviene.
La escuela no hace la selección debida, otras veces, los muchachos complacen los deseos de los parientes en la escogencia de las profesiones y así; vemos con asiduidad, gente ubicada donde no van a rendir los resultados esperables. Esto nos demuestra la incompetencia inhábil de algunas personas en el ejercicio de sus tareas habituales con rendimientos bajos y pobres, de ninguna calidad eficaz.
Educadores que deben ser diputados y boticarios que bien pueden pastores de almas. Quiero decir con esto que cuando sabemos escoger con gusto una profesión, allí daremos los mejores frutos en nuestra vida; la historia lo puede corroborar, donde lo estudiado ha colegiado a los deseos así: Solón dio leyes brillantes a su pueblo, Jerjes fue un exitoso conductor de imperio, Milquiades connotado sacerdote y Dédalo magnífico arquitecto e industria. El asunto radica en identificarse plenamente con lo que nos dicta la conciencia en correspondencia con las aptitudes en completa comunión con los deseos, para no perder de vista que la patria espera celosa de nuestros esfuerzos.