Los panameños no se habían recuperado del fin de semana pasado cuando se impuso un récord de 15 homicidios en las provincias de Panamá y Colón, cuando ahora se descubre a un hombre descuartizado en la avenida México, luego se asesina a un abogado en su propia oficina y se mata a otro joven cuando asistía a un sepelio.
La situación parece estar fuera de control. No se hace una efectiva labor preventiva de la Fuerza Pública, que parece estar concentrada más que todo en la labor represiva asignada a la Dirección de Investigación Judicial y el Ministerio Público.
Las autoridades deben reaccionar y hacer una revisión de sus esquemas de seguridad, porque no están funcionando. El hampa y los homicidas se están tomando las calles.
El gobierno otorgó aumentos de salarios a los policías y se les dotó de equipos de videovigilancia, pero no hay mayores resultados.
Hay que exigirle rendimiento a los diversos estamentos de seguridad y que los oficiales y jefes se comprometan a una labor eficiente y a no ver pasar el tiempo en espera de una jubilación.
Panamá está destinando presupuesto en estaciones aeronavales para frenar el narcotráfico a través de aire, mar y tierra, pero no puede descuidar la delincuencia ordinaria que se está tomando las calles y que a la postre es la que más reciente el ciudadano común.