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EDITORIAL
Panameños esperan la resurrección
Sábado Santo. Es el día de la sepultura de Jesús, y de su descenso al lugar de los muertos, es decir, de su extremo abajamiento para liberar a quienes moraban en el reino de la muerte. Sin embargo, este también es el día de "la espera litúrgica" por excelencia, de espera silenciosa junto al sepulcro: el altar está desnudo, las luces, apagadas; pero se respira un ambiente de fervorosa paciencia, llena de paz y cargada de esperanza. Esperanza ¡qué bella palabra! Más aún ¡qué maravilloso regalo de Dios! A pesar de tanto dolor, de tantas guerras, de tantas muertes y desengaños, de tanta corrupción y falta de justicia, los pueblos podemos seguir teniendo, esperanza. En Panamá, la muerte ronda. Como en los tiempos de Jesús, los panameños vivimos época de oscuridad; pareciera que no hay caminos ni luz: todo es injusticia, mucho dinero y lujos para unos pocos, hambre y desempleo para muchos. Únicamente los políticos y los poderosos empresarios parecen vivir bien. El resto de los mortales en el país, que son los más, vive en la frontera que divide la pobreza de la miseria extrema. A pesar de todo, el pueblo no pierde la esperanza. Espera tiempos mejores, cuando haya comida y empleo, vida digna y oportunidades. Para Panamá es un tiempo de oscuridad, sí, pero aún cuando no la vemos, sabemos que la luz está en alguna parte ahí adelante. Y muchos están dispuestos a caminar para alcanzarla. Pero para encontrarla se requiere de mucha paciencia, como la que tiene el pueblo creyente hoy frente al sepulcro. Y Dios ayudará a su pueblo para que no desfallezca, no puede haber duda de ello. Pero también es necesario que la ciudadanía ponga su grano de arena. Es necesario el trabajo, el estudio, la corrección de la conducta, el empeño comunitario y la fe, mucha fe en lo que somos y podemos lograr. Sábado Santo. ¡Qué bello día! Día de la Esperanza... y Panamá es pueblo que promete.
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PUNTO CRITICO |
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