Continuamos con el trabajo de M.L.M. sobre Wenceslao de la Guardia, publicado en Épocas, enero de 1999.
En otra fecha, París, 1 de enero de 1884, Montalvo le escribe: "El señor Ferrer, nuestro amigo, le ha mandado a V la fotografía del señor Alfaro. Suplico a V le ponga un sencillo, pero elegante uniforme de general, pues nadie ha ganado la charretera más bien ganadas que él. Pero es muchacho tan modesto, que hasta ahora no se ha querido poner la casaca de militar". En el "Heraldo" de Costa Rica edición de 30 de diciembre de 1890, escribe J. M. Pacheco, haciéndonos saber sobre el regreso de Wenceslao a Costa Rica: "A nuestro país, a este apartado remanso -como lo llamó Ricardo Jiménez -no llega el número que la Ilustración francesa dedica al Salón de pintura de cada año ni tampoco llega el Fígaro-Salón, que es el más lujoso, más completo, más bonito.
"La fortuna nos depara, sin embargo, un medio de asistir, siquiera mentalmente a las ricas salas europeas de pinturas y de estatuas: podemos visitar el estudio de Wenceslao de la Guardia, artista francés por espíritu, sin que su alma deje por eso de tener vistas a la escuela española". Un artista que ha visto expuestas sus obras en los salones de exposición parisiense, que ha frecuentado el trato de los grandes ingenios y que vuelve a Centro América con la paleta y el pincel, debe sentir constantemente una nostalgia incurable".
Entre las documentaciones, hay una invitación que le hace la Junta Organizadora encargada de llevar a cabo la erección de un monumento al poeta cómico y lírico don Leandro Fernández de Moratín, y la que le solicitan participar en una exposición de pintura y objetos de arte, a fin de recaudar fondos para el monumento. La Junta "creería faltar a su deber sino invitara a los más distinguidos pintores españoles para que coadyuven a su patriótico propósito". Firma la nota una docena de personajes entre los que se leen: Nicolás Salmerón, Manuel R. Zorrilla, R. de Madrazo y Salvador López.
Mantuvo correspondencia con el poeta y orgullo de las letras hispanoamericanas Rafael Pombo. Eusebio Blasco, autor de "Cuentos aragoneses", le escribió pidiéndole una cita para visitar su estudio. Fue amigo del Obispo de Panamá José Telesforo Paul como lo evidencia una carta en la que el Prelado le envía como recuerdo suyo unos botones de piedra de las minas de oro de California. A través de estos extractos de cartas a Wenceslao de la Guardia y noticias de prensa, hemos visto su consagración como artista y su relación con grandes personajes de su época. A medida que vayamos estudiando su correspondencia y encontrando nuevos datos, los publicaremos como homenaje al destacado artista, cuyo 152 aniversario de su nacimiento se cumplió el pasado 11 de abril.
Trascribimos de "Crónicas del Istmo" de La Prensa, domingo 7 de septiembre del 2003. Pg 5b. El artículo titulado EL ARTISTA WENCESLAO DE LA GUARDIA FÁBREGA.
Por: Jorge Conte - Porras.
Wenceslao de la Guardia vivió gran parte de su vida en Bogotá, donde dejó obras impresionantes en el campo de la pintura académica, y tal vez por ello es poco reconocido por los panameños interesados en las artes plásticas.
Por una breve temporada, casi en calidad de tránsito, vivió en el Istmo, pero en todo momento su residencia habitual fue Costa Rica, donde construyó su grupo familiar.
Como referencia a una exposición que se llevó a cabo en Bogotá en el mes de enero de 1883, el Diario de Cundinamarca nos ofrece una referencia que aparece publicada en el mes de febrero de ese año, que nos llena de curiosidad..
"He aquí una naturaleza de artista de la excelencia, dedicado por completo a su arte, bajo el marco de la exigencia más exigente, que lo lleva a desarrollar tan solo obras de la más elevada calidad. Desde muy joven se radicó en Santa Fe de Bogotá, demostrando una gran afición por la pintura, y desde entonces con una persistencia sin paralelo ha podido alcanzar un gran prestigio en ese campo''.
Continuamos el próximo domingo recordando a Wenceslao de la Guardia, un artista olvidado.
Francés
Un artista que ha visto expuestas sus obras en los salones de exposición parisiense, que ha frecuentado el trato de los grandes ingenios y que vuelve a Centro América con la paleta y el pincel, debe sentir constantemente una nostalgia incurable".