Antes que nada y con una venia ante aquellos lectores que discrepan conmigo, deseo felicitar y exhortar a todos los miembros del escuadrón motorizado, "LINCES" de la Policía Nacional, por el profesionalismo con que acometen su arriesgada y muchas veces mal comprendida tarea policíaca de, algunas veces PREVENIR, otras veces FRUSTRAR y, más frecuentemente, perseguir para CAPTURAR a los infractores de la Ley.
Pero lo que me llama la atención, y es la razón de las presentes reflexiones, es la poca, y quizás ninguna consideración, que los altos comisionados de dicho cuerpo castrense, le brindan a los miembros de ese componente especializado, cuando alguno de estos sufre un accidente de trabajo que los incapacita por tiempo indefinido. Y esto lo señalo porque no se evidencia la presencia de ninguna comisión especialmente designada para visitar, apoyar y brindar cualquiera ayuda social y moral que el lesionado pueda necesitar. Es más, dentro de las instalaciones de CECAPOL (Centro de Especialización y Capacitación Policial), se lee la siguiente frase: FACIL ES SER BUENO... DIFÍCIL SER JUSTO, lo que parece haberse convertido en sólo eso, palabras, porque de seguro que todos ustedes los comisionados son buenos a la hora de los reconocimientos personales a cada quien, pero están lejos de ser "justos" por el simple hecho de haber abandonado a su suerte a aquellos linces quienes, EN EL CUMPLIMIENTO DE SU DEBER, HAN SIDO SEPARADOS DE SU MANADA.
De hecho, no tiene ningún sentido los homenajes póstumos a favor de una unidad caída, cuando en vida real esa misma unidad nunca sintió el calor de su comando, en lo que a apoyo moral se refiere. Por lo tanto, en mi opinión que, ¡desde ya! debe institucionalizarse un Depto. de Bienestar Social. ¡Au Revoir!