Tiene 23 años. Desde los diez se casó con el teatro y la danza. Es oriundo de Limón, en el norte de Costa Rica. Va por el gran escenario que es la vida con una sonrisa de optimismo, tratando siempre de hacer su mejor papel y pregonando que si se trabaja con entusiasmo y en equipo, como debe ser en toda obra de teatro, al final sólo se cosecharán vítores o exclamaciones de ¡Wao, qué gran elenco!
La mayoría de edad le dio a Josué Brown visa para irse a la capital. Vivió en San José hasta hace cuatro años en que, luego de visitas periódicas que realizó a Panamá, decidió migrar temporalmente a nuestro país, para culminar su secundaria y seguir el diálogo social por medio de las artes escénicas, con un público que, a final de cuentas, te paga con una moneda que no se devalúa.
Bailarín consumado, Josué se declara admirador de la narrativa del hijo del telegrafista de Aracataca, Gabriel García Márquez y goza leyendo los poemas del "Manco de Lepanto", y padre de la literatura española, Don Miguel de Cervantes Saavedra.
Si de literatura panameña se trata, opina que no hay como la pluma de Tristán Solarte.
Ha participado en alrededor de 50 obras teatrales, donde ha interpretado papeles protagónicos y secundarios. En Panamá, en un par. En 2007, en "Olga y Silvio", que puso en escena el Teatro en Círculo.
Le gusta mucho ver actuar a Rodrigo Farrugia. "Es un actor de primera.
Acerca de sus inicios en las artes escénicas nos relata que comenzó a los 10 años, con el baile.
Le puso todo su empeño, como suele hacer con todo proyecto que emprende, hasta que llegó a ser un bailarín de salsa.
"Cuando tenía 14 años era casi profesional de baile". Mencioné el género (rap, hip hop, bolero, jazz) y es casi seguro que este joven lo domina.
El baile, la balada, el piano, el teatro y la producción musical, su novia Lina, la informática su familia y su mascota Cony (una perra Sharpei de tres años con ojazos color miel), constituyen sus grandes amores.
Llegar a ser un famoso cantante de ópera es el gran sueño por conquistar de este tenor que para perfeccionarse en este arte cuenta con la guía de Tito Tovar.
El tablado no es el único lugar donde el talento del polifacético Josué es aplaudido. También como baladista ha cosechado reconocimiento.
Participar en una obra teatral es para él muy gratificante. Se mete de lleno en los personajes. Le gustan las obras con mensaje social.
Josué es el ejecutivo de Mercadeo de la Fundación Piero Rafael Martínez De La Hoz. Su relación con esta ONG, que acompaña y guía a las personas en el manejo del duelo, empezó a raíz de que hubo dos pérdidas significativas para su familia: dos tíos muy queridos fallecieron.
Navegando por la Internet se topó con la Fundación. Buscó ayuda y la encontró. Sanadas las heridas, se sumó al grupo de voluntarios que apoyan la gestión social de la ONG.
Nos despedimos de este ariano, cuyo color favorito es el amarillo, porque "dicen que es el color que visten las almas buenas", con la convicción de que este muchacho, que respira seguridad y ha trazado el mapa de su proyecto de vida, será en un futuro cercano aplaudido en los escenarios como un gran cantante de ópera.