«Las primeras descripciones de Colón sobre los indios se referían a los lucayos. Luego éstas fueron atribuidas a todos los indios de Quisqueya. Dice el Almirante: "Eran de hermosos gestos y cuerpos"... tenían "buen ingenio" y debían de ser "buenos servidores"....
»... En cuatro o cinco años... entre 1508 y 1513, ante la indetenible disminución de los indios autóctonos encomendados... llegaron a la Isla marineros, y se iban a las Islas a secuestrar indios"....
»... El licenciado Morquecho narra con brutal realismo la captura de los indios de las "Islas Inútiles": "Obraban (los captores) con mucha soltura; robaban indios agrupados en ciertos ranchos.... Allí morían de hambre."
»"Las armadas" para la obtención de estos indios tenían pocos gastos, pues... se "proveían mal las carabelas", sin alimentos.... Por tanto... los infelices "yucayos y gigantes"... se caían de hambre al desembarcarlos en Puerto Plata. La mayor parte, si no morían en la travesía, morían después. El máximo promotor de estas "armadas" fue el licenciado Lucas Vásquez de Ayllón...
Así nos describe el historiador dominicano Carlos Dobal los indecibles tormentos que sufrieron los indios lucayos «en los albores del siglo XVI». Sin embargo, más insufrible aún es que padecieran semejantes tormentos a manos de quienes tenían la misión de cristianizarlos. El Misionero Máximo del cristianismo, Jesucristo mismo, ya había sufrido en su propio cuerpo por ellos, llevando a la cruz sus pecados, pagando así el precio supremo para rescatarlos de la esclavitud al pecado que heredaron de sus antepasados.
Decidamos hoy mismo que el precio que pagó Cristo por nuestro rescate, no en pesos de oro sino con su sangre, al menos en el caso nuestro no haya sido en vano.