La conciencia ambiental, y la responsabilidad de los propios actos que se cometen contra el ambiente, vale para todos. Tanto para las grandes empresas que lanzan desperdicios tóxicos a los ríos, como para los miembros de comunidades que tiran en ellos cualquier cosa que ya no les sirve (como bolsas de basura, electrodomésticos dañados y toda clase de desechos sólidos).
Estamos en verano; pero ya en la ciudad capital estamos sientiendo esporádicas lluvias. Tal y como está el clima hoy día, en los tiempos del calentamiento global, no es de extrañar que nos caiga un diluvio en cualquier momento.
Es en estas ocasiones en que tenemos que estar conscientes sobre no tirar cosas a los ríos, quebradas o alcantarillados, porque tarde o temprano esos mismos ríos nos lo van a escupir todo de vuelta.
Las inundaciones que ocurren todos los años en la capital casi siempre tienen un común denominador: que muchos pensamos que los ríos y desagües son como gigantescas tazas de inodoro, en los que podemos lanzar cualquier cosa y el agua se los va a llevar.
Pero cuando caen los aguaceros fuertes, esos que duran varias horas, esos ríos atestados de basura y alcantarillados bloqueados ceden ante la fuerza de las aguas, y en menos de lo que podemos reaccionar, nuestras propias casas están inundadas de agua, y flotando sobre ella vemos muchas de las cosas que lanzamos.
En nuestras zonas rurales y apartadas, el río es la vida de muchas comunidades. Pero algunos no tienen la conciencia de que si enfermamos al río tirando heces y desechos químicos, nos enfermamos a nosotros mismos.
Como dijimos antes, la responsabilidad es de todos. No hay que tener una gran educación para entender que todos dependemos del agua. Mantengámosla limpia.