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Soñar con políticos

Julio C. Caicedo | Colaborador

Llegan a un hotelito del interior, visiblemente cansados McCain, Juan Carlos y el hombre de los zapatos del pueblo. "Que lástima caballeros, sólo queda una habitación y es para dos personas, pero en el corral tengo un catrecito en el que uno de ustedes podrá dormir tranquilo".

Juan Carlos, sacando a relucir su grandilocuente educación y dispuesto a sacrificarse por la reputación de anfitriones que tenemos los panameños dijo: Que no se hable más!, yo me acomodo bien en la naturaleza, para eso soy un ambientalista.

"A los cuatro minutos tocan la puerta y reaparece Juan Carlos con cara de pocos amigos diciendo: No quiero problemas, en el corral hay un toro que no ha dejado de bramar ni de cagar desde que me acosté".

Saltó entonces el veterano de guerra diciendo: Oh! no se preocupen yo fui prisionero de los macacos en Vietnam, y la incomodidad me trae buenos recuerdos, además quiero dormir en un camastro para soñar felizmente con una amistad que tuve en Coco Solo., recuerdan la canción: Mi Chola no quiere cholo¡, bueno a descansar, que mañana les daré los datos porque uno de ustedes dos, será el próximo presidente de Panamá, tú sobretodo Juan Carlos que tienes más preparación de estadista, mucho cuidado porque quiero que sepan, los planes que tenemos para Centroamérica.

A los cinco minutos toe, toe, suena la puerta y se asoma McCain, con la cabeza más revuelta que la flor de un guabo y más colorao que el pipi de un perro, lamentándose a grandes voces: El problema no es el Toro sino un murciélago grandote que revolotea con ganas de morderme incesantemente, acompañado por dos millones de mosquitos y no me dejan concentrarme en la Colonensa.

Aprovecha entonces, de muy mala gana el hombre de los zapatos del pueblo, con su estólida tozudez de benefactor demagogo, diciendo a guisa de bravuconadas sicilianas, que nadie se incomode!, pondré en su lugar a esos dos y hasta pueda que los mande presos, conmigo no va a jugar nadie. A los cinco minutos, tocan la puerta con una desesperación indescriptible. Eran el Toro, el Murciélago y los dos millones de mosquitos.



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