|
Banzer, presionado para levantar el estado de sitio

Redacción
Crítica en Línea
El presidente de Bolivia, Hugo Banzer, era blanco ayer martes de fuertes presiones de diversos sectores sociales para que revoque el estado de sitio que dictó el sábado pasado, en un intento frustrado por aplacar el clima de agitación social que ya cobró seis vidas. Horas después del acuerdo entre funcionarios gubrnamentales y los dirigentes huelguistas que demandaban la rescisión de un contrato de un consorcio anglo-español para la provisión de agua en la ciudad de Cochabamba, epicentro del conflicto, Banzer enfrenta ahora una dura demanda para que levante la medida de excepción. A diferencia de similares medidas adoptadas por gobiernos anteriores, entre 1985 y 1997, el estado de sitio no produjo los efectos deseados en los últimos cuatro días. Muy al contrario, la agitación social degeneró el fin de semana en cruentos enfrentamientos entre la fuerza pública y campesinos en Cochabamba, a 403 km al este de La Paz, y en las comarcas Aymarás de Achacachi y Batallas, con un saldo de seis muertos, al menos 41 detenidos y una veintena de confinados, entre ellos el principal dirigente indígena, Felipe Huanca. Pese al acuerdo alcanzado en la noche del lunes en Cochabamba, donde 10.000 campesinos aún mantienen sitiada esa ciudad central a la espera de la promulgación de la Ley de Aguas, tratada maratónicamente en las últimas horas por las Cámaras de Diputados y Senadores, el estado de sitio se ha convertido ahora en la piedra del zapato de Banzer, un ex dictador de los años 70. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR, del ex presidente ultraliberal Gonzalo Sánchez de Lozada) y otras formaciones de oposición, organizaciones cívicas, regionales, de la industria, la poderosa Central Obrera Boliviana (COB) y los combativos maestros rurales y estudiantes de las universidades públicas, entre otros, demandan la "inmediata" revocatoria de la medida de excepción. El pedido políticamente quizás más sensible provino anoche de organizaciones cívicas de Santa Cruz, la región más pujante del país, que durante los siete días del conflicto se mantuvo al margen de la crisis. A esta se agregaron este martes organizaciones de la pequeña industria, cooperativas mineras, el Comité Integrador de Organizaciones Económicas Campesinas de Bolivia (CIOBEC-B) y el Sindicato de Periodistas de La Paz. Las organizaciones demandantes afirmaron que el estado de sitio "es un impedimento" contra el diálogo nacional -del que participarán las fuerzas de la sociedad civil- que la Administración Banzer pretende abrir el miércoles en medio de la tensa calma que vive el país, según un portavoz del CIOBEC-B, José Pinelo. La verificación del diálogo nacional es también condición para que se produzca el alivio, por 1.300 millones de dólares, de la deuda externa de Bolivia, la nación más pobre de Sudamérica, explicó a un rotativo local el representante del Fondo Monetario Internacional (FMI), Eliahu Kreis. "Si se concluye (el diálogo) en julio, se lleva al directorio del Fondo para su aprobación en setiembre (...), todo depende del Gobierno y de la presentación de las conclusiones", afirmó Kreis a La Prensa. La revocación del estado de sitio, medida asumida invariablemente por los ex presidentes Víctor Paz Estenssoro (1985-89), Jaime Paz Zamora (1989-93) y Sánchez de Lozada (1993-97), "podría acentuar más la debilidad y el manejo inadecuado del poder" de Banzer, según el analista político Marcelo Varnoux, del centro de estudios políticos ILDIS (Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales). Pese a la vigencia del estado de sitio, dictado por Banzer por primera vez en 31 meses de gobierno, en las movilizaciones campesinas - expresamente prohibidas por la medida oficial - se registraron incidentes en Cochabamba y Achacachi en medio de una espiral de violencia.
|
|
Pese a la vigencia del estado de sitio, dictado por Banzer por primera vez en 31 meses de gobierno, en las movilizaciones campesinas - expresamente prohibidas por la medida oficial - se registraron incidentes en Cochabamba y Achacachi en medio de una espiral de violencia.
 |