Tres niños se han salvado de morir en lo que va de este año, después de recibir disparos en la frente, pómulo y pulmón.
Las cifras sobre la violencia en Panamá son alarmantes. Estudios realizados en el distrito de San Miguelito señalan que, en el año 2006, se registraron más de 106 muertes por bala, filo y objeto contundente.
El último acto violento donde se vio envuelto un niño, se reportó el pasado domingo 18 de marzo, cuando en el sector N° 5 de Samaria, un padre molesto por una relación de pareja enfermiza sacó a relucir un revólver calibre 38, el cual disparó al piso, pero el proyectil rebotó y se alojó en la frente de su pequeño hijo, de un año y dos meses de nacido.
Afortunadamente, la semana pasada el infante fue operado y dado de alta. Dos niños mayores que el infante, también se vieron envueltos en la espiral de violencia.
Se trata de Jorge Zapata, de 6 años, quien cuando presenciaba un baile de Diablos en Río Abajo, fue alcanzado por un proyectil que se alojó en el pulmón izquierdo. Además, hubo un muerto en ese suceso ocurrido el pasado 10 de febrero.
Dos días antes, a Manuel Antonio Andrete, de 12 años, una bala le atravesó su cuello, la vértebra, el bolo alimenticio y esófago hasta salir por el pómulo izquierdo.
El menor fue herido cuando observaba un baile de Diablos en Santa Librada.
LAS AUTORIDADES
El director del Hospital de Especialidades Pediátricas Omar Torrijos Herrera, de la Caja de Seguro Social, Alejandro Martínez, explicó que afortunadamente en este caso el cuerpo extraño (la bala), perdió fuerza al impactar primero en otro objeto y la herida se convirtió en superficial.
Lo lamentable es que son chicos que llegan al nosocomio por heridas fortuitas accidentales, donde los principales actores no se ven envueltos. Y ellos, los niños, que son terceros, quedan recluidos en hospitales.
Es difícil toda la ola de violencia por la que está atravesando el país. Nosotros tenemos reportados tres casos, procedentes de lugares de estratos sociales bajos, gente del barrio.
En estos casos, podemos ver cómo repercuten de manera negativa las diferencias surgidas entre los adultos, quienes prefieren resolver el problema de manera violenta.
"Sobre esta problemática, se deben tomar medidas extras para evitar que existan víctimas de bala perdida, que es lo que ha ocurrido en estos casos", dijo.
Alrededor de 38 niños por mes, atiende el Hospital de Especialidades Pediátricas Omar Torrijos Herrera, de la Caja de Seguro Social, ubicado frente a la vía España, en el corregimiento de Pueblo Nuevo.
LA DESOBEDIENCIA
Para Manuel Antonio Andrete Vásquez, hoy incorporado a la escuela y al mundo del fútbol, como él define a los amantes de este deporte, es un milagro de Dios su presencia.
"Dios, el Señor, tiene un propósito mayor para mí cuando sea grande", dijo "Tonito", mote de Manuel en sus entrecortadas palabras.
"Ese día desobedecí a la orden que dio mi abuela y mi madre de no ir al baile de congo; pero, como todo niño, me vestí, me bañé y salí a observar el baile de Diablos", expresó Manuel.
"Si hay algo que los niños deben de hacer es caso a sus padres y a los adultos, Yo no quiero que esto vuelva a ocurrir", aconsejó Manuel.
El niño, quien sueña con ser electromecánico cuando grande y seguir deleitándose del juego bonito de Ronaldinho, su ídolo, no le teme a la muerte ya que en ese momento sólo pensó en su familia.
La guerra entre los delincuentes de la III y la V etapa, cada día es más fuerte. Este hecho, donde hubo un muerto y "Tonito" fue herido junto a seis personas más, parece no tener fin, pues las autoridades no han logrado detener a los organizadores de estas balaceras.
Manuelito, quien se congrega en la iglesia Buen Pastor, narró que tuvo que correr más de un kilómetro para poder llegar a su casa.
EL HOGAR
Reynalda de Palacios, supervisora de Trabajo Social de la institución de salud, manifestó que dentro de ese promedio, hay jóvenes que son víctimas por abuso sexual, intento de suicidio, quemaduras, heridos con arma blanca y bala.
Lo más lamentable de esto no son los casos en sí, sino la baja autoestima que tienen estos pequeños, cuyas edades no superan los cinco años y ya tienen deseos de terminar con sus vidas.
Los rangos de edades oscilan entre un año y cuatro; cinco años a nueve y, finalmente, de diez hasta menores de quince años, acotó la profesional social.
La falta de una política de Estado para combatir la violencia, es en gran medida el mayor problema que tiene que afrontar nuestra sociedad.
Se reconoce que existe un problema y que, la mayoría de las veces, proviene del hogar o casas donde son educados.
Estas dificultades, si no son detectadas a tiempo y resueltas por los padres, aumentan en la escuela y finalmente se refleja en los crímenes y otros actos inhumanos, como los que nos rodean.
Los niños que se ven afectados por tiroteos perpetrados por bandas rivales, son llevados a a la CSS.