Crítica en Línea
El comercio informal está creciendo de forma descontrolada. No hay acera, parque, calle, plaza o puente donde no exista un puesto de buhonería o una marejada de vendedores de toda clase de productos de uso diario, verduras, comidas, tarjetas de prepago celular, accesorios e inclusive ropa.
A pesar de los intentos que hacen algunos municipios por ordenar esta actividad, los desempleados están buscando, sin financiamiento del Estado, sin acceso a microcréditos y olvidados por la banca tradicional, crear sus propias fuentes de ingreso.
Los clásicos buhoneros que iban de casa en casa o café en café para ofrecer toda clase de "chucherías" desaparecieron.
Fueron vencidos por la indiferencia de los consumidores y el embrujo de la piratería de música y películas, que ocupan menos espacio, se venden con facilidad y la ganancia es mayor.
Los más organizados están semáforos o aceras de la Central, Calidonia, San Miguelito y en puentes peatonales cerca de un centro comercial.
Es un trabajo honesto, pero tampoco es fácil. Sin estudios en economía, administración de empresas o mercadeo, los ambulantes diseñan y establecen su propia estrategia de venta para "recoger" algunos reales al día , que servirán para alimentar a la familia, pagar el cuarto o los gastos de los hijos.
El reciente desalojo de los buhoneros de la Calle 13 y Avenida Bolívar, en Colón es muy parecido a lo ocurrido en la Peatonal, en la capital o en David, en Chiriquí.
Los vendedores ambulantes más que rechazo o persecución merecen apoyo.
No reciben respaldo de los municipios para organizarse, tienen un sindicato del cual no se fian mucho, no reciben seminarios del Instituto de Cooperativas, no tienen acceso a créditos blandos, a subsidios, ni a planes que los incluyan en la seguridad social.
Los Alcaldes con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Social, el IPACOOP, la Cámara de Comercio y la banca tienen la obligación de mirar a estos panameños que todos los días madrugan y rozan la medianoche, con los problemas y dificultades que presenta el comercio informal.
Son compatriotas dejados a su suerte, que aunque no se dejan vencer por los problemas, tienen que sudar la gota gorda para tener ingresos diarios que no son suficientes para vivir con decoro y alegría.