De mi lectura religiosa obtuve las siguientes ideas: El gran debate de los cristianos sobre la guerra, en el Congreso de Viena (1968) sobre el "Movimiento de la Reconciliación", existieron dos extremadas tendencias problemáticas. Una de ellas los que hacían del Evangelio de Cristo una ideología de resignación y de aceptación del orden establecido; la otra los que se adherían a la tesis de ver en Cristo un fermento de transformación de la sociedad. Estos eran y continúan siendo cada vez más numerosos. El debate consistía en saber si el cristiano podía o no participar en la necesaria revolución de los oprimidos, usando del recurso a la violencia homicida. Los primeros, los que pensaban en la obligación de rehusar la violencia homicida se apoyaban todos en la Escritura y en su idea fundamental de ser fieles a ella y proclamar la condena absoluta a la violencia homicida.
Los partidarios de la tendencia partían de un análisis de la realidad, de los métodos científicos de la vida, de la verdad económica, social y política. Analizaban la dialéctica de la violencia, cómo la violencia del opresor engendra en el oprimido movimiento de violencia; movimiento de violencia que empieza por una especie de odio que se dirige principalmente a las personas más que a las estructuras opresoras. Después de este análisis científico, buscaron clasificar esta situación a partir del Evangelio. Pero en verdad, no se encuentra en el Evangelio la absoluta condena a la violencia homicida. Encuentran en él una exigencia de amor a los hombres.
El autos J. Goss, nos hace ver en el artículo, que hace falta partir de un estudio bíblico muy serio, cosa que no hacen los que buscan o aceptan la violencia. No es después que buscan una confrontación con el Evangelio. Una vez hecha la opción no es posible confrontarla con el Evangelio. Si uno no parte del Evangelio, nunca llega a él. Muchos, es cierto que dicen: "La Biblia, el Evangelio no condenan la violencia homicida.