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Dispuestos a morir por su fe

Hermano Pablo | Reverendo

Cuenta Richard Wurmbrand en su best seller, 'Torturado por Cristo', que cuando los rusos ocuparon Rumania, dos soldados rusos irrumpieron en una iglesia cristiana y, apuntando sus armas a todos los presentes, gritaron:

No creemos en su fe! A los que no renuncien de inmediato a ella, los mataremos de un tiro ahora mismo. Los que renuncian a su fe, pasen a la derecha.

Algunos se pasaron a la derecha.

Ustedes, salgan de la iglesia y regresen a sus casas! les ordenó uno de los soldados.

Y salieron huyendo, como alma que lleva el diablo. Los soldados rusos, una vez que quedaron solos con la mayorí­a de los asistentes que no se habí­an movido ni un ápice, los abrazaron y les dijeron emocionados:

Nosotros también somos seguidores de Cristo, pero querí­amos fraternizar solo con aquellos que están dispuestos a morir por la verdad que profesan.

Aunque cueste trabajo admitirlo, hay muchos presuntos cristianos que tienen una úlcera en el alma que los está envenenando por completo.

Para éstos, el cristianismo no es más que un amuleto contra la mala suerte. Creen que Jesucristo tiene la obligación de protegerlos de todo accidente y de proveerles de todo lo que ansí­an y piden para gastar en sus propios deleites. " Y si no, entonces no tengo por qué seguirlo."

En cambio, los seguidores de Cristo que viven en paí­ses donde el ateí­smo es la religión del estado arriesgan la vida cuando confiesan su fe. En los lugares en que hay leyes que prohí­ben hablar acerca de la fe cristiana con menores de 18 años, el hacer tal proselitismo puede significar prisión y muerte. Sin embargo miles de hombres y mujeres lo hacen, afrontando hasta las últimas consecuencias.

Es que lo que no nos cuesta nada tampoco tiene valor alguno. Por eso Cristo dijo: Si alguien quiere ser mi discí­pulo, que se niegue a sí­ mismo, lleve su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio, la salvará.... Si alguien se averguenza de mí­ y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.




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