A muchos jefes no les gusta botar a nadie. A otros les encanta, pero lo cierto es que es poco lo que se ha sistematizado sobre la forma de comunicar un despido de personal. Es frecuente que las empresas comuniquen el despido aduciendo razones como "reestructuración de personal" o "bajar costos", cuando quizá se contrata un reemplazante al tiempo después. También, es llamativo cómo las empresas comunican la decisión a través del área de Recursos Humanos y quien lo hace simplemente comunica la decisión, argumentando que "es una decisión que viene de arriba", despersonalizando el trato con el empleado.
Así como estos errores, hay otras prácticas de las empresas que perjudican su imagen ante los empleados y les traen luego consecuencias difíciles de valorizar, tanto en términos económicos como de "imagen". Un empleado que se fue con un sabor amargo será posiblemente más perjudicial que un cliente insatisfecho, porque además de hablar mal de la empresa, contará con mayor credibilidad por conocerla "desde adentro".
Las recomendaciones básicas para dar este mensaje siempre serán "decir la verdad". Los motivos deben estar claramente expuestos. No se deberá andar con rodeos ni buscar excusas o falsas explicaciones de la decisión.
Otro punto es "no discutir". Si la decisión de desvinculación está tomada, lo mejor es comunicarla lo más rápidamente posible. Siempre es bueno "manejar los afectos" . Si bien la decisión es traumática para el que la comunica como para el que recibe la noticia, es evidente que el despedido lleva la peor parte. Es importante que no se reprima la expresión de dolor del empleado desvinculado, y que al mismo tiempo se lo ayude brindándole un espacio de contención y escucha y, por último usted debe "comprometerse con la decisión" . Es importante no disociarse con la decisión, expresando que uno está en desacuerdo con la misma. El que comunica el despido debe tomar la decisión como propia y transmitirla de manera clara. No es correcto decir que uno es el que transmite la decisión de otra persona, aunque esto sea realmente cierto. El empleado despedido puede sentir que, en realidad, no tiene con quién hablar.