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EDITORIAL
Amaos los unos a los otros
Toda la Historia de la Salvación se resume en este mandato cristiano: "Amaos los unos a los otros, como Yo os he amado". Jesús habló de esto con sus amigos cuando estaba a punto de entregarse a los hombres que le clavaron en la cruz, donde murió deshidratado, desangrado y asfixiado, además de tener la mitad de todos los huesos del cuerpo rotos.
Pero ¿cómo se debe amar? ¿Qué quiere decir eso de "como Yo os he amado?" Como sabemos, Cristo no se anduvo con medias tintas y contestó dando el ejemplo: Se debe ser capaz de morir para que el prójimo tenga tiempos mejores.
Hoy arranca el tiempo más fuerte para aquellos que creen en Jesús de Nazaret. Y creer en él debiera significar estar dispuesto a hacer lo que Él hizo, y por la misma razón: Amor.
Lamentablemente, esa noción de amor está en desuso. Pocos en el mundo creen en ella y no están dispuestos a vivirla. Mucho menos piensan que tenga sentido dejar lo que se tiene para darlo a los pobres.
"¡Ese comportamiento es digno de los tontos!", dicen. Dejemos claro que este Mandamiento del Amor no es exclusivo de los cristianos, pues se repite como medular en todas las otras grandes religiones, pasando por Buda para llegar a la cúspide de la filosofía hoy conocida con Mahoma.
El haber ignorado esta idea de amar al prójimo puede explicar sin lugar a dudas el actual estado en que se encuentra el mundo. Los humanos hemos desoído una y otra vez este mandato de amor, llevando esta pequeña isla en que vivimos a la debacle.
Pero la actitud en contra del amor al prójimo, si bien es universal, debe preocuparnos muy especialmente a los panameños.
Somos una nación pequeña, que apenas está llegando a los tres millones de habitantes. Bien se dice que, por estas tierras, casi todos somos primos.
A pesar del reducido territorio, miles de millones de dólares corren por las cuentas enclavadas en el más grande centro bancario de la región, ubicado aquí. Siendo así, que somos pocos y tenemos tanto dinero en nuestra caja de caudales, ¿Cómo es posible que siete de cada diez panameños no tengan el dinero suficiente para comer los tres golpes cada día? ¿Cómo es que unos pocos pueden tener cuatro casas, seis carros y hasta yate, mientras más de un millón de personas no tienen un lugar propio dónde dormir?
Podrá haber muchas respuestas que expliquen esta triste escena, pero no se podrá negar que la falta de Amor, ese tipo de Amor del que hablaba Jesús, puede ser la razón de tanta miseria. Pensemos en ello esta semana, y cuando llegue el domingo estemos dispuestos hacer algo para cambiar las cosas.
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PUNTO CRITICO |
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