Tribunal cubano sentencia a muerte a salvadoreño

La Habana
REUTERS

Un tribunal cubano condenó el martes a la pena capital a un salvadoreño, quien había sido declarado culpable de terrorismo por los atentados que cometió en 1997 contra la industria turística de la isla.

La sentencia de muerte, que en Cuba es ejecutada por un pelotón de fusilamiento, será apelada automáticamente en la Corte Suprema y después debe ser ratificada por el Consejo de Estado.

Raúl Ernesto Cruz León, de 27 años, confesó a principios de este mes ante el tribunal Provincial de Ciudad de La Habana que fue el autor de seis explosiones en hoteles y un restaurante en un intento de desestabilizar el floreciente sector turístico de Cuba.

Además de los daños materiales, los atentados acabaron con la vida del turista italiano Fabio di Celmo e hirieron a otras 11 personas.

"La sala, considerando culpable del delito imputado por la fiscalía al procesado Cruz León, dictó su sentencia número tres de 1999, imponiéndole al acusado la pena capital", señaló el tribunal en un comunicado.

El comunicado, hecho público simultáneamente por los medios de comunicación estatales, agregó que en el juicio por crímenes contra el estado se demostró que Cruz es culpable de "hechos de terrorismo de carácter continuado".

La fiscalía mantuvo durante el juicio que Cruz fue reclutado y financiado por agentes que trabajan para un poderoso grupo de exiliados cubanos, la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), con sede en Estados Unidos y fieramente opuesta al gobierno de Fidel Castro.

Los fiscales, en acusaciones que fueron respaldadas públicamente por Castro, denunciaron también la implicación del gobierno estadounidense en el caso, aunque sólo fuera por cerrar los ojos ante las actividades de la FNCA.

La FNCA, que tiene un considerable peso político en Estados Unidos, ha negado en repetidas ocasiones que patrocine la violencia contra Cuba.

Cruz describió gráficamente en la corte la realización de los atentados pero insistió en que operó a través de un salvadoreño que le contrató por motivos que desconocía.

Negó que conociera previamente o tuviera contactos con un presunto agente de la FNCA, un exiliado cubano llamado Luis Posada Carriles.

La familia de Cruz, el gobierno de El Salvador y la Iglesia Católica pidieron clemencia sin éxito para que no se le sentenciara con la pena de muerte.

Un segundo salvadoreño fue juzgado en Cuba este mes por terrorismo y espera el veredicto. Dos guatemaltecos están también encarcelados por cargos similares.

La Habana asegura que forman parte de una red de mercenarios centroamericanos inspirada por la FNCA y contratados para dañar al gobierno de Castro y a la economía cubana.

 

 

 

 

 




 

La sentencia de muerte, que en Cuba es ejecutada por un pelotón de fusilamiento, será apelada automáticamente en la Corte Suprema y después debe ser ratificada por el Consejo de Estado.

 

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