Muchos pensaron que en el sepelio de Darío Guerrero volarían las amenazas y balas, pero la banda El Pentágono despidió a este joven con un sorpresivo mensaje de amor y de perdón a quienes le segaron la vida.
La calles del corregimiento de Santa Ana amanecieron repletas de unidades de la Policía Nacional, previendo violencia, durante las honras fúnebres de uno de los integrantes de la banda, que nunca llegó.
Pasadas las 11 de la mañana, el féretro donde estaba el cuerpo de Darío, fue velado en un solar cercano al lugar que lo vio crecer.
Amigos y familiares, atentamente escucharon las palabras del pastor evangélico que les decía que Darío había pasado a mejor vida y que estaba en la gracia divina.
Al cabo de una hora, el féretro fue alzado y entre aplausos y alabanzas, los amigos más allegados ofrecieron sus brazos para llevarlo a pie hasta la Iglesia de Santa Ana, donde se realizó la misa.
La Iglesia poco a poco se llenó, y a las 2 de la tarde el párroco Manuel Man, inició un sermón directo y fuerte.
Man pidió a Dios por la gente del barrio de Santa Ana "porque no es justo que nuestros hijos se manchen las manos de sangre por unos sinvergüenzas y que luego sus madres lloren lágrimas de cocodrilo".
Terminada la misa, la familia permitió ver el cuerpo de Darío, a quien vistieron con una camisa negra, gorra y lentes oscuros, muy junto al cuerpo estaba su hermano "Orito".
A las 2: 30pm partieron hacia el Cementerio de Corozal, para darle el último adiós. Miembros de El Pentágono, familiares, amigos y líderes religiosos de la comunidad se fundieron en un solo abrazo.
Por un breve instante, se olvidó la violencia en Santa Ana.