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Gritar en casa: ¿Resuelve algo?

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Redacción
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La palabra es una herramienta con la que construimos o destruimos las relaciones con nuestros hijos. Ser conscientes de qué decimos y cómo lo hacemos nos ayudará en todas las situaciones a mostrarles lo mucho que los queremos.

En algún momento de nuestras vidas hemos sentido que necesitamos estallar de alguna forma, y la mejor manera de hacerlo es gritando, ya que con este acto pareciera que sacamos el enojo o el estrés.

Por ejemplo, hemos tenido un mal día en el trabajo, entramos en casa y lo encontramos todo patas arriba: el suelo lleno de juguetes mientras nuestro hijo juega como si no hubiera quién lo mandara. No ha hecho ninguna tarea escolar y, entonces, nuestro mal humor estalla de manera desmesurada. ¿Cómo podemos evitar herir al niño con nuestras palabras? ¿Puedo convertir el mal humor en un discurso instructivo?

Todos los padres hablamos habitualmente de forma reflexiva, ya sea en casa, en el trabajo, cuando vamos de compras o con los amigos y conocidos. Sabemos mantener la compostura y mostrarnos como personas que saben controlarse y medir tanto lo que dicen como lo que no dicen.

El reconocido escritor Adele Faber señala que las palabras tienen el don de perdurar larga y venenosamente en la memoria. Y lo peor es que algunos niños las resucitan más tarde para esgrimirlas como armas contra sí mismos.

Enfadarse o sentir ira no es negativo en sí mismo. Lo difícil es sentir enfado, ira o furia sin dañar a la persona que tenemos delante, y, seamos honestos, nuestros hijos cargan a menudo con elevadas dosis de malhumor que le corresponderían a otro.

Los padres y los hijos se enfrentan diariamente a situaciones de conflictos. A menudo, los padres viven su desobediencia, o su poca colaboración o su inmadurez. Y es entonces cuando las emociones se desbordan. Sin embargo... ¿es justo y razonable que, a veces, reaccione en la casa, de manera tal, que se le da rienda suelta al mal humor y al enfado?, ¿no sería conveniente preguntarnos qué deberíamos hacer para evitar que la expresión incontrolada de emociones nos causen malas palabras de las que luego nos arrepentiremos?

Reconocer qué sentimos es el primer paso para identificar un posible arrebato de malhumor o de enfado. Cuando ya hemos reconocido o identificado qué sentimos, el siguiente paso es NO RESPONDER. Salir de la habitación o cerrar los ojos unos instantes para pensar en lo que vamos a decir antes de "soltarlo". ¿Quiere esto decir que no hemos de corregir las conductas no adecuadas de nuestros hijos? Evidentemente, no. Se trata de no reaccionar "en caliente", lo que es muy sencillo de entender y, en ocasiones, tan difícil de llevar a la práctica.

Una vez calmados será más fácil apreciar la dimensión real del problema y actuar en consecuencia, lo que debe permitirnos prestar atención a las palabras y huir de las acusaciones tipo: "eres un desastre, tienes el baño sucio". La descripción de los hechos ayuda mucho a centrarnos en el presente, sin añadirle toda la carga emocional que probablemente se ha despertado en nosotros. Con ello mostraremos que le aceptamos a él como persona, pero no aceptamos las acciones negativas que pueda hacer.

Añadir un comentario con buen humor es una de las mejores formas de recuperar el buen ambiente y conectar de nuevo con lo mejor de nosotros.

 

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